Ciencia y política de la manito


Un nuevo estudio revive el debate sobre los endosos políticos de las revistas científicas 


Una de las razones por las que defiendo Twitter es porque es una plataforma ideal para que los expertos discutan abiertamente y se digan cosas que de otra forma no se dirían, o que el público no podría leer gratuitamente. Una de esas gustosas discusiones de especialistas ocurrió hace unas semanas entre dos nombres de peso en la ciencia y sobre un tema explosivo: la ciencia y la política. Los protagonistas del encuentro tuitero fueron Holden Thorp, el editor en jefe de Science, y Arthur Lupia, director asistente de la Fundación Nacional de Ciencias (NSF), que es la agencia gubernamental estadounidense para el avance de las ciencias e ingeniería. 

La discusión nació a partir de una columna de Lupia publicada en la revista Nature, otra de las grandes revistas científicas. En ella Lupia argumentaba que el endoso político de la revista Nature a Joe Biden en las elecciones de 2020 había reducido la credibilidad de las publicaciones científicas y de la ciencia en general. Ante esto, el editor de Science preguntaba cuánto podía importarle realmente el endoso político de Nature a quienes niegan el cambio climático o el Covid, y que los endosos políticos deberían medirse por su impacto en los científicos —el principal público de revistas como Nature y Science— y por cómo estas revistas defienden a la ciencia. 

Sin embargo, la opinión de Lupia no venía de una apreciación personal, y menos se trataba de una respuesta tardía al endoso dado en el 2020; se basaba en un estudio reciente que concluía que el endoso político de Nature sí había tenido repercusiones: Political endorsement by Nature and trust in scientific expertise during COVID-19, del investigador Floyd Jiuyun Zhang, candidato a doctor de la escuela de negocios de la Universidad de Stanford. Para medir el impacto del endoso de Nature en el público general, Jiuyun Zhang entrevistó a 4.000 estadounidenses seis meses después de que Biden ganara las elecciones. Como los entrevistados no son robots sin opiniones políticas, era importante conocer cuál era su inclinación política para poder medir si el endoso a Biden realmente había afectado a sus decisiones políticas. Para hacerlo, el investigador dividió a los encuestados entre los que apoyaban a Biden y los que apoyaban a Trump. A cada uno de estos grupos también los dividió en dos. A unos les enseñaría primero el endoso de Nature y al otro grupo, usado como control, solo se les enseñaría una noticia sobre el nuevo diseño de Nature, una noticia neutra que no estaba relacionada ni con la ciencia ni con la política. 

Después de leer las noticias asignadas, ya fuera el endoso o la noticia neutra, a ambos grupos se les preguntó sobre su confianza en la revista Nature, su valoración sobre Biden o Trump, sobre la confianza en la información sobre el coronavirus y el cambio climático que publicaba Nature y la confianza en la ciencia en general. El investigador quería saber si los encuestados habían cambiado de opinión tras leer el endoso. Como era de esperar, el endoso no cambió las opiniones políticas respecto a Biden o Trump. Es decir, los que apoyaban a Biden lo seguían haciendo, y los que apoyaban a Trump también lo seguían haciendo. El endoso tampoco influyó positivamente en aquellos que apoyaban a Biden en temas de coronavirus, ni cambio climático, ni en la confianza en general. Es decir, estos seguían revisando la revista tras el endoso, o no veían que este afectaba la confianza en la ciencia. 

Sin embargo, el impacto del endoso de Nature sí se vio en quienes apoyaban a Trump. En el grupo de trumpistas que leyó el endoso sí disminuyó la percepción sobre la revista. El grupo que leyó el endoso la describió como menos informada e imparcial, a diferencia de los trumpistas que no leyeron el endoso. Hasta este punto, podríamos concluir lo mismo que argumentaba el editor de Science: ¿por qué deberíamos detenernos a ver la confianza en un grupo de personas que probablemente no lea estas revistas de ciencia? El estudio también nos da un respuesta, aunque no muy contundente: un 38 % de los trumpistas desilusionados con Nature respondieron que, tras conocer el endoso, no revisarían los artículos científicos publicados por esta revista sobre temas de coronavirus. Basados en este número, Jiuyun Zhang y Lupia argumentan que el endoso hizo que la ciencia, o las revistas científicas, perdieran a este 38 % de personas que podrían haberse ilustrado con los resultados de investigación, pero que ahora no lo harían por las opiniones políticas de la revista. 

No es poca la promesa de haber podido ganar nuevos adeptos a la ciencia entre un grupo de simpatizantes de un candidato que ha estado abiertamente en contra de evidencia científica en temas como coronavirus, cambio climático y salud pública. Lupia y otros investigadores se apoyan en esta promesa para argumentar que la ciencia pierde credibilidad con este tipo de endosos. Sin embargo, como el propio Lupia incluye en su artículo, el estudio mide a un grupo limitado de personas y la respuesta que da está enfocada en Biden y Trump, dos figuras suficientemente diferentes en un clima de extrema polaridad. 

El 38 % de trumpistas que decidió ya no leer Nature es real, pero hay que cuidarse de a qué conclusión se llega con esta cifra. Las preguntas que siguen a este estudio, y que deberíamos hacernos de forma colectiva, son qué tipo de información influye en la visión pública de la ciencia y qué acciones o discursos provenientes de políticos afectan a esta. El riesgo de este estudio lo vemos en las respuestas en Twitter a esta discusión. Para muchos, incluidos científicos, este 38 % de trumpistas que ya no van a leer Nature es suficiente para desalentar la participación política y pública de los científicos. Si jalamos más de la madeja, también leeremos que parte de esta tribuna considera que revistas como Nature y Science pierden credibilidad cuando hablan de cambio climático o medidas sobre coronavirus, ya que para muchos estos son temas estrictamente políticos y no científicos. Por último, tanto el rechazo como la aprobación de los endosos políticos de las revistas científicas confirma algo que ambos bandos intentan ocultar: que la ciencia es política. 


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