La alegría de descubrir a una escritora deslumbrante
Odio cuando tengo tanto trabajo que no me queda casi nada de tiempo para leer. Eso me ocurrió este junio que se acaba. Como ando con mil proyectos encima, me refugié en los audiolibros, que siempre son una buena alternativa. Me acompañan en los largos viajes los días que dicto clase en la universidad y son la perfecta coartada cuando debo ir de compras o a pasear perros y no quiero que nadie me meta letra.
Entre las alternativas que el aplicativo me ofrecía escogí a Amélie Nothomb, una autora belga que lleva tiempo en mi lista de pendientes y de la que solo había leído magníficos comentarios. Me daba muchísima curiosidad esta mujer que publica Anagrama —editorial que me encanta— y que tiene la curiosa costumbre de poner una foto de su cara en la portada de cada uno de sus libros, independientemente del argumento.
Sin tener muy claro por cuál de sus tantos libros empezar, me incliné por Historia de dos hermanas. Me intrigó el título y me animó el hecho de que el audio durara apenas tres horas: en viaje y medio a la universidad tendría una idea de su literatura. Lo que ocurrió después no me lo esperaba. La prosa simple, desangelada de Nothomb me fue introduciendo en un mundo donde la autora es capaz de contar con absoluta naturalidad hechos que, bien vistos, son aberrantes. Dos niñas son criadas por unos padres que no las maltratan ni las golpean, simplemente no las quieren. Tan compenetrados están en su relación de marido y mujer que las pequeñas no les generan mayor emoción ni curiosidad: las crían —si es que se puede usar ese término— porque es lo que se espera de ellos, nada más. Nothomb va contando con firmeza y sin aspavientos una historia de desapego marcada por la melancolía, no por el drama, que desarma
Picada por la originalidad de esta novela corta, desconcertante, seguí con otras. La segunda que elegí fue Los aerostatos, en la que una estudiante de filología de 19 años le enseña a un adolescente disléxico de 16 a disfrutar de la literatura y pueda, así, aprobar el bachillerato. Las clases se transformarán en el espacio en el que Pie —es el nombre el muchacho— no solo descubre grandes clásicos sino que se enamora del poder transformador de los libros y de su profesora, por supuesto.
Luego de escuchar Primera sangre —una simpática aunque no deslumbrante biografía del padre de la autora— llegué a Sed, y pude comprobar que estaba ante una escritora excepcional. Narrado en primera persona, Sed es el testimonio de un Jesús que cuenta lo que fueron sus últimas horas en este mundo y sus primeras en el otro. Con una prosa otra vez seca y otra vez brillante, Nothomb teje un discurso filosófico e intimista en el que el Hijo de Dios reflexiona sobre la vida, la muerte, la fe, la felicidad y la necesidad. Difícil explicar cómo, a partir de la recreación de pasajes bíblicos —la crucifixión, la resurrección—, el personaje va resolviendo algunos misterios para despertar otros, dejando al lector con la sensación de que, si deja de leer, el mundo podría terminarse en cualquier momento.
Hacía tiempo que no me encontraba con una escritora que me cuestionara tanto. Nothomb es rara, enigmática; es original y también graciosa. Se declara neurodivergente y confiesa que escribe para mantenerse cuerda. Escribe todo el tiempo: suele terminar entre dos y tres novelas al año y solo publica una.
Hasta ahora no entiendo por qué pone su rostro en todas sus portadas. Pero ya no me importa tanto. He llegado a la conclusión de que hace con su cara lo mismo que con sus libros: se te queda mirando, de frente, a ver si te quedas. Yo me quedé.
Todavía tengo muchos libros suyos por explorar. La seguiré leyendo en julio. Si no la conoces, búscala.
PD. Esto no es un cherry porque nadie me paga. Es una recomendación. Uso el aplicativo Storytel, que por 10 dólares al mes te permite leer o escuchar los libros que quieras. Vale la pena. Y todo es legal.
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