Pasajes a Huarmey


¿Cuánto puede afectar la amistad un chat en época electoral?


Queridas bebitas:

Perdonen que me haya provocado retomar lo que el otro día hablábamos en nuestro chat: elecciones, candidatos, lo que se viene. La conversación iba subiendo de tono, como pasa casi siempre cuando toca política.  De pronto, apareció esta frase:  “Voten por la China (Fujimori) o van a vender pasajes para Huarmey, no se me hagan los dignos”. 

No hubo una respuesta clara, pero algo se tensó en el aire, aunque la conversación siguió. Yo me quedé con la incomodidad un rato. Estuve a punto de responder algo, de cortar la frase. No lo hice. Cambié de tema.

Pero la frase se quedó ahí.

No por lo que decía literalmente, sino por lo que daba por hecho. Porque no era solo una frase. Era un reflejo.

En nuestro chat, “Huarmey” no apareció como ciudad, ni como un puerto, ni como uno de esos lugares donde el Perú sigue viviendo lejos de la capital. Apareció como advertencia, como castigo. Como la imagen perfecta de aquello en lo que algunos creen que sería lo peor que te puede pasar cuando el país toma una dirección equivocada.

Ahí estaba, intacta, nuestra enfermedad nacional, una forma de mirar el Perú que no es nueva, pero que sigue operando con total normalidad.

Lugares que elevan y lugares que rebajan. Vidas que cuentan más y vidas que cuentan menos. Lo internacional como aspiración, Lima como medida de valor, y el resto del país como si existiera solo cuando incomoda.

No solo es clasismo. No solo es racismo. Es una jerarquía profundamente instalada que seguimos reproduciendo, que vive en la risa, en la burla y en esa ironía tan peruana que siempre termina recordando quién vale más y quién vale menos, y que pone a cada quien en el lugar que supuestamente le toca.

Cinco siglos después de la instalación aquí de una colonia, seguimos hablando el mismo idioma del desprecio, como si una parte del Perú valiera menos. Como si el Perú postergado, el de las regiones históricamente olvidadas, fuera una incomodidad estética antes que una responsabilidad política.

Y por eso esta discusión no es, en el fondo, sobre izquierdas o derechas. Uno puede priorizar lo económico o lo social, puede desconfiar de un candidato o temer al otro, todo eso es legítimo.

Pero esta segunda vuelta que se viene no es solo una disputa entre dos candidatos cuestionables. Es también el reflejo de un país que no ha sabido resolverse.

De un lado, la hija de una dinastía marcada por corrupción, desapariciones y esterilizaciones forzadas, cuyo apellido sigue funcionando para muchos como la garantía emocional de que nada cambie demasiado. Del otro, un candidato que capitaliza la rabia de las regiones olvidadas, pero que llega sostenido por una maquinaria igual de turbia e improvisada, atado al mismo pacto de poder que dice combatir.

La paradoja es brutal: unos votan por miedo a perder el lugar que sienten que ocupan, y otros votan para dejar de ser invisibles. Y, en ese cruce, cada quien termina aferrándose a lo suyo, a su propio corrupto, a su propio traidor funcional, a su propio relato de salvación.

Pero nada de eso explica del todo lo que pasó en el chat. Porque esa frase no hablaba de candidatos, hablaba de algo más. De la necesidad de marcar distancia. De recordar, incluso entre amigos, que hay lugares a los que uno no quiere pertenecer.

No escribo esto para señalar a nadie. 

Y, mientras lo hago, ustedes están celebrando el cumpleaños de M. Juntos, como siempre, y eso también dice mucho de nosotros porque compartimos vida, historia, afectos, mucho más que una discusión política.

Pero, justamente por eso, creo que vale la pena no dejar pasar ciertas cosas como si nada.

Si Huarmey puede aparecer como una advertencia en una conversación entre nosotros, entonces el problema no está solo en la política.

Está en cómo seguimos mirando el país.

Y eso, nos guste o no, también es responsabilidad nuestra.

Los quiero, 

T.


¡No desenchufes la licuadora! Suscríbete y ayúdanos a seguir haciendo Jugo.pe


Comentarios

Aún no hay comentarios. ¿Por qué no comienzas el debate?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

8 + dos =

Volver arriba