Medidas urgentes para no seguir desperdiciando talentos para la ciencia

Ursula Navarro es ingeniera ambiental y científica peruana.
Cuenta con una maestría en Contaminación y Toxicología Ambiental y actualmente realiza un doctorado en Alemania. Investiga los efectos de contaminantes ambientales en la salud humana mediante modelos innovadores. Es mentora académica de estudiantes peruanos en el extranjero y fundadora del proyecto Latina Científica. Ha acompañado a jóvenes de Latinoamérica en su formación científica y acceso a becas internacionales. Desarrolla también iniciativas de divulgación y orientación en ciencia y sostenibilidad.
En el Perú, la enorme mayoría de niñas crecen sin saber que la ciencia también puede ser su camino. Yo fui una de esas niñas que desconocía que tenía el poder de descubrir nuevos tratamientos para enfermedades, nuevas formas de generar energías limpias o nuevas tecnologías verdes que nos ayuden a disminuir la contaminación ambiental.
Aunque me enteré tarde, al ingresar al mundo de la ciencia nadie me advirtió sobre los desafíos que tendría que enfrentar solo por el hecho de ser mujer.
Haber cursado el pregrado y el posgrado en el Perú y en el extranjero me abrió los ojos. En otros países, la ciencia es mucho más valorada que en el mío. En el Perú, apostamos poco por el desarrollo y la investigación: invertimos apenas el 0,3 % del PBI, en comparación con países vecinos como Chile, Colombia o Brasil.
Si bien cada vez somos más las mujeres que accedemos a la educación superior, al momento de buscar oportunidades en el mundo laboral nos enfrentamos a una realidad distinta. En el Perú, las mujeres reciben, en promedio, salarios hasta un 27 % menores que los hombres por realizar las mismas funciones. En el ámbito académico, esta brecha no debería existir y, aunque no contamos con datos específicos a nivel nacional, organismos internacionales coinciden en que los espacios de decisión y liderazgo académico siguen siendo ocupados mayoritariamente por hombres.
De las mujeres no solo se esperan roles sociales impuestos, sino también que aceptemos contratos temporales, baja retribución y entornos donde nuestra imagen, edad o apariencia pesan más que nuestra formación y nuestro trabajo. Incluso cuando formamos y lideramos grupos de investigación, muchas veces debemos solicitar autorización a jerarquías universitarias —generalmente masculinas— para decidir sobre proyectos financiados con nuestros propios fondos.
Por ello, muchas jóvenes ilusionadas con dedicarse a la investigación sueñan con irse al extranjero, convencidas de que en el Perú no podrán cumplir sus aspiraciones.
Lamentablemente, soy parte de esa fuga de talentos que parece preocupar poco a mi país. Y aunque algunos de los problemas que menciono los vivo en carne propia, no puedo negar que hacer investigación en muchos países del exterior implica contar con un contrato laboral, apoyo y asesoría constante, y un reconocimiento al desempeño que demuestra que cada descubrimiento —ya sea desde una computadora, en el campo o en el laboratorio— realmente vale la pena.
El pasado 11 de febrero conmemoramos el Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia. Sin embargo, solo tendríamos verdaderos motivos para celebrar si cambiamos las condiciones reales en las que intentamos hacer ciencia en el Perú.
Desde mi experiencia como joven estudiante formada en el país y en el extranjero, y hoy como científica, considero que debemos implementar medidas urgentes. El primer paso es comprender, a partir de datos concretos y desagregados por género, las diferencias existentes en salarios, becas, acceso a fondos, cargos de liderazgo y estabilidad laboral en la academia. Sobre esa base, podremos diseñar rutas efectivas que promuevan una retribución justa y contratos dignos para las mujeres que desean dedicarse a la ciencia en el Perú.
Asimismo, es fundamental promover la ciencia desde edades tempranas, para que más niñas se atrevan a soñar con roles en investigación y se conviertan en futuras referentes para otras. Para lograrlo, es necesario diseñar programas dentro de la malla curricular escolar que permitan a las y los estudiantes acercarse a la ciencia desde temprano, mediante convenios con universidades e institutos de investigación. Finalmente, debemos identificar, reconocer y retener talentos, generando condiciones que eviten que las científicas tengan que migrar para ejercer plenamente su vocación. No podemos seguir adaptando políticas públicas extranjeras sin considerar nuestra realidad; para ello, necesitamos generar datos de calidad que puedan interpretarse en nuestro contexto particular.Promover la ciencia en el Perú es una cuestión de presupuesto, pero también de voluntad política, equidad y visión de país. Necesitamos más oportunidades para que quienes estamos aquí —o deseamos volver— podamos transformar nuestra sociedad con conocimiento, evidencia y equidad
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