El Coro Queer Chile amplía los límites de lo esperado en un colectivo artístico

Luciana Goytisolo (Lima, 1994). Bachiller en Música por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Investigadora y entrenadora de la voz con estudios en vocología, rehabilitación vocal, pedagogía vocal, ETVSO, entrenamiento de la voz identitaria, entre otros. Actualmente, cursa el Máster en Estudios LGTBIQ+ de la Universidad Complutense de Madrid.
Fundado en la ciudad de Santiago en mayo de 2022, el Coro Queer Chile es un caso ejemplar que demuestra cómo una práctica artística colectiva puede transformar de verdad las vidas de quienes participan en ella. Además de ser un espacio inherentemente político de visibilización queer, el coro funciona, sobre todo, como una organización comunitaria en la que predominan los afectos y el respeto por les otres. Se ha configurado como un espacio donde se crean vínculos, identidad y amistades radicales, y desde el cual se hace frente a los marcos heteronormativos que, históricamente, han estructurado la vida social y la expresión artística. Iniciado con doce integrantes, actualmente cuenta con cincuenta y dos.
Desde sus inicios, el proyecto fue pensado como una iniciativa autogestionada, gratuita y abierta exclusivamente a personas del colectivo LGBTIQ+. Esta decisión no fue tomada a la ligera y no responde únicamente a un criterio de afinidad identitaria, sino también a una necesidad política: crear un espacio seguro en el que las personas puedan expresarse libremente a través de sus voces y sus cuerpos. Siguiendo la postulaciones de Judith Butler que contemplan al género no como una esencia sino como una práctica performativa que se hace realidad a través de la repetición de actos corporales, discursivos y sociales, la voz —en el Coro Queer Chile— no es solo un instrumento musical, sino además un sitio donde la expresión de une se materializa y se regula.
El canto coral funciona aquí como una tecnología de vinculación. Cantar en grupo implica escuchar, respetar y empastar la singularidad de nuestro propio sonido con el de les otres, para así formar una sola voz colectiva. Esta práctica encarna una ética relacional basada en la interdependencia. En el Coro Queer Chile, tal dimensión adquiere un valor político: aprender a cantar todes juntes es también aprender a existir juntes en un mundo que pretende fragmentar y jerarquizar nuestras voces. Asimismo, es una comunidad que, a modo de coro, reclama un espacio y ser escuchades y visibles.
Les fundadores han trabajado en conjunto para redactar un estatuto y reglamentos internos, además de un protocolo de convivencia. En estos documentos, se les exige a les integrantes usar el lenguaje inclusivo, entre otros imperativos cuyo objetivo es prever cualquier tipo de violencia, tener claros los procedimientos ante un conflicto y promover un espacio seguro para todes les integrantes.
Mientras en los coros tradicionales se organiza a los cantantes en las sopranos, las contraltos, los tenores, los bajos, etc. —categorías históricamente vinculadas al binarismo de género; etiquetas que dependen de lo que cis-heteronormativamente se considera femenino o masculino— el Coro Queer Chile propone organizar las voces de otra manera, mediante un proceso dialogado que considera las experiencias subjetivas de cada integrante y su comodidad, así como los aspectos técnicos de sus voces. Además, plantea desaprender la asociación que solemos hacer al escuchar voces graves —vinculándolas con lo masculino— y voces agudas —vinculándolas con lo femenino— a través de una categorización que elimina los artículos de las etiquetas tradicionales con las que se organizan las voces de un coro: no se habla de las soprano y los tenores, sino de sopranos y tenores, sin más. En ese sentido, el coro no solo abraza la diversidad, sino que también la produce activamente mediante prácticas cotidianas de cuidado, lenguaje inclusivo y acompañamiento.
Otro aspecto llamativo del Coro Queer Chile es la centralidad que adquieren los vínculos de amistad. Para muches de les participantes, el coro se ha convertido en una familia elegida: una red afectiva que reemplaza o complementa las estructuras familiares que a veces han sido excluyentes. «Mucha gente no tenía redes, ni tampoco mucho roce con otras personas del colectivo en general, y vienen acá y encuentran familia. La sensación general del coro es que es como una casita, una casa más a la que uno puede ir», comenta une de les fundadores.
Estas amistades no son accesorias al coro, sino constitutivas: los ensayos, los viajes, las presentaciones y las celebraciones construyen un entramado de relaciones que representa un sostén importante y que muchas veces es urgente para les integrantes. La posibilidad de pertenecer a una comunidad que valida y acompaña es profundamente transformadora.
Las prácticas del Coro Queer Chile dialogan directamente con el ensayo Amistad radical (2024), en el que la politóloga feminista Alicia Valdés sostiene que es necesario rearticular nuestros vínculos y acciones afectivas desde una posición crítica, pues, históricamente, se ha intentado despolitizarlos con el fin de adormecer a la sociedad y así evitar que representen una amenaza para el orden establecido. Valdés argumenta que la amistad no es sólo un acto de afecto íntimo, sino también una práctica activa de transformación social y resistencia, y propone una mirada crítica frente a aquella cis-heteronormatividad tradicional que estructura el amor y nos intenta imponer lo que debería ser una familia. La amistad es un vínculo profundo vital que va más allá de las categorías tradicionales de familia o pareja; en especial, para muchas personas del colectivo LGBTIQ+ que han sido excluidas de sus propios núcleos familiares por ser, sencillamente, quienes son.
El repertorio también es otro eje desde el cual el Coro Queer Chile se posiciona políticamente, procurando visibilizar aquellas experiencias históricamente oprimidas. De manera exclusiva, el coro interpreta canciones de artistas que forman parte del colectivo LGBTIQ+ o que, sin ser parte del colectivo, han aportado inmensamente con su música a su reivindicación; por mencionar a algunos: Elton John, Javiera Mena, Britney Spears y Juan Gabriel. No solo se canta desde las voces queer sino también acerca de experiencias queer. En un contexto marcado por el avance de discursos políticos conservadores y antiderechos, esta elección artística es inmensamente significativa.
Según el testimonio de les fundadores, el impacto que ha tenido el Coro Queer Chile trasciende ampliamente lo musical. Más allá de un colectivo artístico, es un espacio de transformación personal, afectiva y afirmativa para la singularidad de cada voz. Un espacio de aprendizaje constante. Un espacio para conocer otras experiencias queer y también neurodiversas. En palabras de une de les directores, «yo al segundo o tercer año recién me reconocí a mí mismo como quien soy auténticamente. Y fue gracias al coro, gracias a que pude convivir con tantas realidades de los chiques».
El Coro Queer Chile es una institución colectiva que ha crecido para convertirse en una maquinaria de voces que camina por cuenta propia, pero son tres las personas a cargo: Axel Holm, cofundador y director del coro; Camila Arce, cofundadora y entrenadora vocal, y Benyamil Giacaman, cofundador, presidente y director ejecutivo. Sin embargo, cierro con la reflexión de une de elles: «El coro no somos nosotres tres. El coro es la gente que canta. Si mañana nosotres no estuviéramos, el coro igual seguiría existiendo, porque lo que lo sostiene es la comunidad».
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