Aquí me quedo


Un evento en Arequipa nos recuerda el estándar de convivencia y diálogo al que debemos regresar


Con mucho de emoción y un poco de miedo, acepté participar por primera vez en mi vida en el Hay Festival, que acaba de culminar en Arequipa. Participé en una conversación con Luis Carranza y Pedro Francke, ambos ministros de Economía en el pasado, la cual fue conducida con maestría por el periodista Fernando Carvallo. El tema de la mesa fue redactado en tono de preguntas por los organizadores, imagino que pensando en el posible oxímoron del significado: “¿Es posible que el libre mercado promueva la equidad social?”.

El Teatro Municipal de Arequipa nos recibió con una audiencia mayor a la que hubiera esperado en la noche del viernes 7 de noviembre. 

Curiosamente, los tres tuvimos más acuerdos que desacuerdos. Entre los acuerdos, estuvo la necesidad de reforzar el rol del Estado en la gestión de los recursos públicos y el consenso de cómo ha fallado en la redistribución en estas tres décadas en las que hemos vivido con la vigencia del capítulo económico de la Constitución. El gran desacuerdo fue si lo cambiaríamos. Con toda honestidad, reitero que no cambiaría nada de dicho capítulo; aunque sí haría cambios en el resto de la Constitución, prioritariamente para recuperar algo de ese equilibrio de poderes imprescindible para la convivencia civilizada.

Pero el Hay Festival no es un evento solo para economistas, sino uno que promueve la conversación, el conocimiento y la lectura, y que reúne a personas interesantes de diferentes partes del planeta. Junto con las conversaciones sobre novelas con sus autores y autoras, participamos en pláticas sobre museos digitales o sobre el Archivo General de Indias y sus colecciones valiosas, por ejemplo. Fue imposible no traer al centro de nuestras preocupaciones el indignante descuido que nuestras autoridades —y nosotros, como sociedad— le hemos dado al Archivo General de la Nación. Me pregunto, entre otras cosas, si alguna universidad receptora de recursos del canon minero podría asignar algunos de estos fondos para ponerlo a la altura del Archivo General de Indias. 

Los organizadores del festival también se preocuparon por difundir la ciencia. Fueron varias las actividades programadas sobre temas de inteligencia artificial, a los cuales solo podremos hacer frente si nos informamos y los comprendemos, según nos dijeron los expertos. Ellos también nos recordaron que la información es poder, y que cada vez que aceptamos términos y condiciones de las apps con las cuales interactuamos, estamos cediendo datos de manera gratuita, y que las empresas monetizan para sus bolsillos. ¿No se podría pensar en un mecanismo que redistribuya, de manera individual, parte de esa riqueza que se genera a partir de la agregación de datos y que sería imposible sin nuestra aquiescencia?

No solo hubo tiempo para la ciencia y la tecnología, sino también para el conocimiento sobre el cambio climático. Fue toda una experiencia de aprendizaje la tertulia de dos expertos en agua — Fabián Drenkhan y Jhan Carlo Espinoza—, preocupados por enseñarnos sobre las interacciones entre el agua disponible en los Andes y la deforestación y degradación de tierras en la Amazonía. Para empezar, les comparto un dato que solemos pasar por alto: el río Amazonas tiene su origen en Arequipa.

Este es el reporte de los eventos en los cuales pude participar, con ganas de quedarme por más, siguiendo el entusiasmo del inca Mayta Cápac cuando pronunció “ari quepay” al referirse a esta región. Con más de 60 conversaciones y actividades disponibles, el Hay de Arequipa es solo una muestra de la riqueza de convivencia humana a la que debemos regresar. Recuperar el espacio de tertulia y de conversación, tratando de encontrar hilos y diálogos, es una tarea que valdría la pena reivindicar en este mundo de “escroleo”, etiquetas y cancelación de quien piensa diferente a las que las redes sociales nos han conducido.


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