Doce libros para buscar en la FIL Lima


Guía juguera para salir de la feria a manos llenas


La Feria Internacional del Libro de Lima cumple este año treinta ediciones. En Jugo también estamos celebrando un aniversario, uno bastante más modesto pero que nos llena de ilusión. Esta semana hemos publicado la duodécima entrega de nuestro Libro del Mes, la sección con la que buscamos darle vitrina a la nueva literatura peruana. La mecánica es sencilla: cada fin de mes elegimos una obra publicada recientemente por alguien que escribe desde el Perú, con especial atención a las voces emergentes que todavía pelean por encontrar a sus lectores, y la recomendamos con el entusiasmo de quien le cuenta a un amigo que acaba de leer un librazo. Llevamos, pues, un año exacto haciéndolo. Y como sabemos que caminar por una feria con tantos stands puede abrumar a cualquiera, hemos querido reunir aquí nuestras doce recomendaciones. Considérenla una lista de compras posible, armada con cariño juguero.

Abrimos la serie en agosto pasado con «Los restos de la piel», de Jhemy Tineo Mulatillo, finalista del Premio Clarín de Novela. Un maestro de escuela que sueña en secreto con la literatura protagoniza una historia donde conviven la cumbia, los mitos amazónicos y el deseo sin filtro. En septiembre elegimos «La vocación del abrazo», la antología en la que Mauro Mamani Macedo reúne a más de cien poetas que escriben en quechua, aymara, awajún, shawi y otras lenguas originarias. Pocos libros muestran con tanta amplitud la diversidad de nuestra poesía.

Siguieron dos novelas que abordan cuerpos e instituciones en crisis. En «Un animal que se deja caer», debut de Melanie Pérez Arias, una mujer empieza a perder el cabello y descubre que con cada mechón se le desordena también la identidad. En «El informe», Ezio Neyra narra el regreso de un hombre al Perú para trabajar en el Estado, donde lo espera un laberinto de trámites y resoluciones que retrata la burocracia como una forma de vida capaz de tragarse cualquier buena intención.

Diciembre nos trajo terror del bueno. «Nada humano sobrevive aquí», editada por Alexis Iparraguirre, reúne cuentos peruanos que conversan con Lovecraft desde ansiedades muy nuestras, esas que se esconden en la rutina más reconocible. Y enero abrió el 2026 con «Todas las cartas jugadas», de Adriana Garavito, una primera novela sobre una hija que acompaña la enfermedad de su padre y descubre, entre salas de espera y silencios, que todavía quedan conversaciones por tener.

En febrero recomendamos «Lo que nos hace tan fuertes», de Juan Carlos Cortázar, relatos protagonizados por personas que viven el amor y el deseo desde los márgenes, escritos con el pulso de un narrador en plena madurez. Marzo fue para «Tan simple, tan puro», de Alessandra Pinasco, cuentos en primera persona que recorren la sexualidad femenina en distintas etapas de la vida, con una prosa que consigue ser poética y carnal a la vez.

Abril nos dio uno de los libros más juguetones del año. En «E-mails con Roberto Bolaño», J. J. Maldonado convierte a sus escritores de cabecera en personajes de un universo delirante donde el homenaje y la ironía burlona se confunden todo el tiempo. En mayo llegó «Siete carriles», de Selenco Vega Jácome, siete cuentos sobre los derrumbes íntimos de una clase media limeña que rara vez encuentra palabras para nombrar sus fracasos. Junio fue para «Las nerviosas», de Rosa Chávez Yacila, donde una periodista rastrea la tristeza que ha viajado en silencio por las mujeres de su familia y nos recuerda que la salud mental también es una cuestión de clase.

La entrega número doce apareció esta semana. «Nuestra luz en la noche», de Ulises Gutiérrez Llantoy, cuenta la espera del cometa Halley desde los ojos de un niño de Colcabamba, en Huancavelica, durante los últimos meses de 1985 y parte de 1986. Una novela de aprendizaje llena de ternura, que llega justo a tiempo para buscarla en la feria.

Doce meses, doce libros. Hay primeras novelas y autores más recorridos, sellos grandes y editoriales independientes, Lima y regiones, humor y duelo. Si algo confirma este año de recomendaciones es que la literatura peruana atraviesa un momento de enorme vitalidad, aunque a veces el ruido de la coyuntura no nos deje verlo. La FIL Lima va hasta el 6 de agosto y es la excusa perfecta para comprobarlo. Pregunten por estos títulos en los stands, hojéenlos, adóptenlos. Y si no llegan a la feria, no pasa nada. Las librerías siguen abiertas todo el año, y nosotros seguiremos recomendando un libro peruano cada mes. Palabra de juguero.


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