Los peruanos en Harvard organizan un diálogo para unir fragmentos y planificar un mejor futuro

Shadia Muñoz-Najar es estudiante de la maestría en Políticas Públicas en la Universidad de Harvard. Es economista y politóloga por Stetson University. Forma parte del Youth Advisory Board de UNICEF, donde contribuye con una perspectiva joven a procesos de evaluación y aprendizaje institucional. En Perú ha apoyado proyectos de investigación vinculados al Ministerio de Economía y Finanzas, con foco en política fiscal, crecimiento económico y gobernanza. Sus intereses se centran en el fortalecimiento institucional, el desarrollo económico inclusivo y el diseño de políticas que promuevan un crecimiento más sostenible y equitativo en América Latina.
Solemos hablar de construir un país y no tanto de co-construirlo. Quizás se deba a la exigencia implícita en esto último: supone aceptar que el futuro no le pertenece por completo a un solo ámbito de la vida nacional, ni a un grupo en particular. Supone, también, renunciar a la comodidad de pensar el país desde compartimentos estancos
Al Perú, sin embargo, solemos nombrarlo por partes. La gobernanza, por un lado; la sociedad civil, por otro; el crecimiento y la innovación en otra conversación. Cada discusión avanza en su propio circuito, con sus propios lenguajes y urgencias. Pero los países no se construyen así. Se construyen cuando esos mundos dejan de rozarse apenas y empiezan, por fin, a pensarse unos con otros.
Desde esa preocupación, un grupo de peruanos en la Universidad de Harvard estamos organizando la segunda edición de la Perú Conference para intentar algo que al país le cuesta cada vez más: pensar el Perú en conjunto. Esta iniciativa reúne conversaciones que demasiadas veces avanzan por separado: la crisis democrática e institucional, el crecimiento económico, la capacidad del Estado y la política social, la inversión en ciencia e innovación, así como el rol de la identidad cultural y la sociedad civil en el desarrollo. No porque cada una de estas discusiones no merezca su propio espacio, sino porque al entrar en contacto pueden producir algo nuevo. A veces, lo que falta no es otra respuesta dentro de un mismo sector, sino la posibilidad de que distintos ámbitos del país se escuchen entre sí.
Esa convicción también se refleja en la estructura misma de la conferencia, que convoca voces de la academia, exministros, representantes del sector privado y de la sociedad civil. Participarán Salvador del Solar, Norman Loayza, Piero Ghezzi, Carolina Trivelli, Martín Tanaka, Soledad Secca, Gisella Orjeda, Francisco Sagasti, y Sofía Macher, entre otros. Más de 200 personas del ámbito académico y profesional peruano se darán cita en este encuentro del 24 y 25 abril, organizado por la Asociación de Estudiantes Peruanos en Harvard (HAPS), con un interés común: contribuir a la discusión. La amplitud de la agenda busca afirmar una idea sencilla: que el futuro del Perú no se juega en un solo frente y que pensarlo con seriedad exige poner esas dimensiones en diálogo.
Pero hay algo más en esta apuesta. No se trata solo de qué conversaciones queremos tener, sino de cómo queremos hablar del Perú. Sería fácil caer en una de dos tentaciones conocidas: usar este espacio solo para lamentar nuestra crisis política, o aprovecharlo para proyectar una versión idealizada del país que evita las conversaciones incómodas. Ninguna de las dos nos interesa. Lo que buscamos es mostrar un Perú que no esconda sus fracturas, pero que tampoco se resigne a definirse únicamente por ellas. Y sostener, además, una convicción más ambiciosa: que el Perú tiene la capacidad no solo de ocupar con seriedad los espacios y debates que hoy mueven al mundo, sino también de incidir en ellos.
Esta apuesta cobra un peso particular en el Perú de hoy. A las puertas de nuevas elecciones de 2026 en nuestro país, insistir en una mirada amplia no supone restarle importancia a la política. Todo lo contrario. La crisis peruana se ha instalado tanto en las instituciones como en nuestra forma de atender el país. Le hemos dedicado tantos años a preguntarnos quién gobierna o cuánto resistirá, que hemos dejado poco espacio para una pregunta igual de decisiva: hacia dónde queremos ir. Y esa es, precisamente, la pregunta que ya no podemos seguir postergando.
La política importa, en parte, porque condiciona la posibilidad de que el Perú participe con seriedad en conversaciones más amplias, no porque deba absorberlas todas. Ahí donde el Estado logra funcionar, el país deja de girar sobre sí mismo y puede, por fin, mirar hacia afuera. Pero esa mirada también exige algo más: la capacidad de reconocernos como un proyecto compartido, no como una suma de agendas inconexas. Así, propiciar conversaciones que crucen sectores, experiencias y perspectivas no es un gesto menor, sino una forma concreta de contrarrestar dinámicas de polarización constante.
Organizar espacios así es, entre otras cosas, un ejercicio de esa convicción por parte de la comunidad peruana en Harvard, desde la diáspora. No porque una conferencia cambie un país —no lo hace—, sino porque cada vez que personas con distintas experiencias se sientan a pensar juntas, algo en la arquitectura de lo posible se mueve, aunque sea un poco. Y a veces, eso es exactamente lo que un país necesita: no la solución inmediata, sino la evidencia de que es capaz de formular las preguntas correctas frente al mundo, y no solo frente a sí mismo.
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