Cinco errores electorales


¿Qué rutinas debemos evitar a toda costa en este proceso?


Cometer errores en el contexto electoral es fácil, no hace falta mala intención, basta con no pensar demasiado en el proceso. Estos son los cinco errores más comunes que cometemos en esta temporada y que tendrán consecuencias reales en el resultado.

1. Viciar el voto o votar en blanco porque «todos son iguales»

Empecemos por el más extendido. La lógica suena razonable: si ninguno me convence, no le doy mi voto a nadie. Pero hay un problema matemático que la mayoría ignora. La valla electoral —ese 5% que un partido necesita para entrar al Congreso— se calcula sobre los votos válidos, no sobre el total de votos emitidos. Eso significa que cada voto viciado o en blanco que se descuenta del total hace que el porcentaje relativo de todos los demás partidos suba. ¿A qué partidos favorece ese efecto? A los que ya tienen una base consolidada, a los que llevan años acumulando votos clientelistas, a los que precisamente deberían ser castigados. El voto en blanco no es neutralidad. En la práctica, es un subsidio involuntario a los peores.

2. Votar por un amigo con el número 34, sin pensar en el partido que lo cobija.

Este es el error más caro y el menos discutido. Alguien conocido —el vecino, el excompañero de universidad, el dirigente del barrio— aparece en una lista congresal. Tú lo votas porque lo conoces, porque confías en él, porque sabes que es buena persona. El problema: tu voto no solo lo beneficia a él. Es también un voto para el partido. Y si ese partido tiene en los primeros puestos a personajes con investigaciones abiertas, con trayectorias cuestionables, con vínculos oscuros, tu voto limpio los arrastra a ellos también. En el Perú, los escaños se reparten primero por partido y luego por preferencia interna. A tu amigo lo pusieron de relleno, no entrará. Pero sus votos sí habrán engordado la bancada de quienes lideran la lista. Antes de marcar un nombre, mira quiénes están en el uno, el dos y el tres. Esos son los que casi con certeza llegarán al Congreso.

3. Cruzar el voto sin dudarlo

Votar por un presidente de un partido y por el Congreso de otro puede tener sentido en elecciones normales, como mecanismo de equilibrio. Pero esta no es una elección normal. El Congreso que viene tendrá poderes enormes sobre el Ejecutivo. Si el nuevo gobierno no llega con una bancada propia desde el primer día, estará negociando su supervivencia desde la semana uno. Ya vivimos ese ciclo. Sabemos cómo termina. En esta elección, votar por gobernabilidad no es un capricho, es la única manera de darle al próximo gobierno una oportunidad real de gobernar.

4. No practicar el voto antes.

El día de las elecciones, muchos peruanos abrirán la cédula y se paralizarán. No es exageración: es una planilla con cinco elecciones en simultáneo, siete votos preferenciales posibles y hasta 36 dibujitos distintos. Sin preparación previa, el proceso puede volverse abrumador, y los errores en la cámara secreta son irreversibles. La solución es simple: investiga antes, revisa el orden de la cédula, los símbolos y las columnas. Decide en casa qué vas a marcar en cada parte de la cédula. Llega con tu papelito y vota tal cual lo preparaste. 

5. No hablar de política en la mesa.

Este puede ser el error más silencioso y el más costoso a largo plazo. Hemos normalizado la idea de que hablar de política en familia es sinónimo de pelea. Entonces no hablamos. Y al no hablar, no pensamos en voz alta, no cuestionamos nuestras propias ideas, no aprendemos de quienes piensan distinto. Pero elegir un gobierno no es como hinchar por equipos de fútbol, donde la única postura válida es la tuya y el otro simplemente está equivocado. Es exactamente lo contrario: se trata de entender por qué alguien que quiere el mismo país que tú llega a conclusiones distintas. La democracia no funciona solo en las urnas. Funciona en la conversación cotidiana. Confrontar ideas no es insultar a tu primo. Preguntarle a tu papá por qué vota lo que vota no es atacarlo. Si no nos politizamos ahora, en el momento en que más importa, ¿entonces cuándo? Debatir es un acto de respeto hacia los demás y hacia uno mismo. Y también, aunque cueste creerlo, puede ser una conversación interesante.

Faltan pocas semanas. Hay tiempo para hacer las cosas bien.


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