Un lustro de jugos


El mundo puede cambiar mucho en cinco años, y también nuestros afectos


En el marco del reciente Hay Festival Arequipa tuve la oportunidad de participar de un conversatorio con mis compañeros de Jugo.pe, este colectivo de escritores y divulgadores, para hacer un repaso de los cinco años de esta plataforma donde escribo los domingos. Desde que estábamos completamente sumidos en la pandemia Jugo —que nació como “de Caigua”— hemos tenido, pues, la posibilidad de escribir y reflexionar cada día sobre lo que está pasando en el Perú, el mundo y, en mi caso, hasta de mi vida.

La disciplina que supone sentarse un día a la semana a hacerlo ha sido la mejor escuela de escritura que hubiese podido imaginar, y sentirse cerca de un grupo afín de personas con quien compartir las inquietudes, además de editores extraordinarios, sigue siendo un privilegio. Gustavo Rodríguez y Dante Trujillo —y por un corto tiempo, Hernán Migoya—se han encargado de que lo que ustedes leen y escuchan en nuestro pódcast no esté plagado de faltas, y que no se imponga la sintaxis enrevesada que caracteriza a mi disléxica escritura. 

Pero eso no ha sido todo. Desde las primeras reuniones en línea con la cohorte inicial de Jugo, las conversaciones con Alejandra Ruiz León, Carlos León Moya, Hugo Ñopo, Sharún Gonzales, Dante Trujillo y Gustavo Rodríguez cada sábado a la hora del almuerzo —hora de Londres— me tendieron un cable a tierra en los meses más duros de confinamiento por Covid, cuando casi todo en mi vida se tambaleaba en medio del naufragio que vivía en ese encierro.

Juntos vivimos las elecciones estadounidenses del 2020, cuando Joe Biden derrotó a Donald Trump; dimos inicio a los Caiguazooms para hablar de nuestras impresiones sobre lo que en ese momento parecía una victoria definitiva contra una manera tan divisiva de hacer política. Acompañamos la protestas contra Manuel Merino, y tuve la oportunidad de escribir tanto sobre la necesidad de salir a marchar, como de preguntarme si estábamos ante un momento constituyente.

A inicios del 2021 nos despedimos de Carlos León Moya, que nos dejó para, entre otras cosas, hacer sus necesarios y desfachatados podcasts y le dimos la bienvenida a Alberto de Belaunde, que se ha convertido en el motor de muchas de nuestras iniciativas, siendo la más reciente la de la recomendación del Libro del Mes. Hacia fines de ese año le dijimos adiós a Sharún, que nos dejó por motivos misteriosos, para luego enterarnos de que se debió a su preparación para la Academia Diplomática. Ella ingresó segunda de su promoción: con orgullo acompañamos su carrera y estamos convencidos de que será una de nuestras embajadoras más solventes. 

Mariela Noles Cotito la reemplazó con gran destreza y durante el tiempo que licuó Jugo con nosotros nos regaló columnas tan valiosas como las que ya veníamos disfrutando gracias a Sharún. En esa transición, cerrando el año del Bicentenario, fue cuando Alejandra Ruiz León y yo viajamos a Lima y todos los jugueros pudimos conocernos por fin en persona. La sensación fue extraordinaria porque después de más de un año de vernos religiosamente todos los sábados para coordinar, sentíamos que nos conocíamos íntimamente, que poco a poco nos habíamos convertido en una familia curiosa e inquisitiva con chistes y anécdotas en común.

Ese 2021 vivimos también la efervescencia electoral, dimos batallas importantes en el ambiente de debate enrarecido en que fue elegido Pedro Castillo. De la misma manera, fuimos testigos de las matanzas que dieron inicio al funesto gobierno de Dina Boluarte. Vimos con horror el despliegue de la guerra en Ucrania y, meses más tarde, los ataques asesinos de Hamas contra Israel que no han hecho más que desencadenar desde el país entonces atacado incluso más horror y sufrimiento. Han sido años duros en el Perú y el mundo, con muchas oportunidades para reflexionar sobre el pasado y el presente.

En el 2022 nuestro querido Hugo Ñopo, experto en números y música —entre muchas cosas más— se incorporó al Banco Mundial y nos dejó en su lugar a la increíble Roxana Barrantes que, con sus años de experiencia docente y su perspectiva como directora del Banco Central de Reserva, nos hace pensar cada miércoles desde una perspectivaque combina preocupación por la economía y su incidencia en la ciudadanía y el bienestar colectivo. Ese año despedimos también a nuestra científica de confianza porqué Alejandra tenia que terminar su tesis doctoral y necesitaba toda la concentración para eso. Así se integró Anna Zucchetti, quien nos maravilla con sus historias de árboles, ecosistemas, genética y tantas novedades de la ciencia con una perspectiva que combina conocimiento y poesía.

Poco tiempo después Mariella necesitó más tiempo para escribir teatro y, sobre todo, para partir a Harvard como profesora visitante. Fue así que reclutamos en esa misma casa de estudios al extraordinario Américo Mendoza Morí, quien con su conocimiento del mundo andino nos deslumbra cada jueves. El 2023 fue nuestra primera vez en el Hay Festival de Arequipa y presentamos en vivo una reunión editorial y, a fines de ese año, comenzamos los Martes de Jugo en la Casa Rebara. Esos conversatorios nos han llevado a conocer en persona a muchos de nuestros suscriptores, además de tener la posibilidad de hablar de temas relevantes del Perú y el mundo con diversos expertos que comparten con nosotros tanto.

El 2024 fue tiempo de otras dos semidespedidas: los fundadores de Jugo, Dante Trujillo y Gustavo Rodríguez,creadores de esta gran iniciativa que nos convoca, necesitaban tener más tiempo para sus proyectos y dejaron la escritura de sus artículos —aunque Gustavo se mantiene hasta hoy como editor—, y fue así que se nos unieron Giacomo Roncagliolo y Patricia del Río con miradas renovadas sobre la literatura, el arte, la cultura y la política que nos enriquecen cada viernes y sábado. Las despedidas siempre son un poco tristes porque echamos de menos a los compañeros, pero tienen también un lado muy alegre porque hacen que la familia crezca: un juguero nunca deja de ser juguero y desde nuestro chat y donde sea siguen contribuyendo.

No puedo cerrar este artículo sin mencionar a los dos motores reales de Jugo. Me refiero, primero, a nuestros suscriptores, que hacen posible que el Jugo se siga licuando. Algunos han entrado a nuestras reuniones virtuales, otros han sido jugueros por un día, y muchos se nos acercan para decirnos cuánto disfrutan de leernos y escucharnos, como Claudia y Max, que me invitaron un café ayer después de mi mesa de la tarde en el Hay Arequipa.  No nos conocíamos, pero también éramos ya familia de Jugo.

El último agradecimiento va para ese motor que es José Miguel Icochea, el irremplazable Timmy, nuestro extraordinario productor quien realmente hace que todas nuestras ideas lleguen publicadas y promocionadas al público. Cinco veces gracias.


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