Cambiar trinos por bocinazos


¿Por qué es necesario proteger a los humedales del apetito inmobiliario?


Héctor Aponte es doctor en Ciencias Biológicas. Director de la carrera de Biología Marina en la Universidad Científica del Sur. Investigador asociado del Museo de Historia Natural de la Universidad de San Marcos. Es también científico profesional de humedales certificado por la Sociedad de Científicos de Humedales de Estados Unidos y presidente electo del programa de certificación profesional de dicha sociedad. Cuenta con más de 90 artículos científicos publicados y múltiples libros de divulgación principalmente dedicados al estudio de los humedales costeros.


Caminas bajo el nublado cielo limeño un amanecer de invierno. Después de atravesar múltiples calles y centros comerciales, llegas a un lugar distinto: las casas han desaparecido; el aire es salado y, entre juncos y totorales, un ave se zambulle bajo el agua. Extrañado —y encantado al mismo tiempo— te acercas y te encuentras con una pareja de patos, algunos renacuajos y un par de libélulas que revolotean entre los pastos. Tu curiosidad y el sonido cada vez más intenso de una bandada te incitan a seguir avanzando. Entonces, una laguna inmensa te presenta un espectáculo increíble: una obra de arte en el cielo, traída por la migración desde el hemisferio norte. Cientos de aves, formando figuras coordinadas en el cielo, te muestran cuán compleja puede ser la comunicación entre los animales. Sacas tu celular y tomas una fotografía. Encantado, regresas a casa y le cuentas a tu madre la belleza con la que, inesperadamente, te cruzaste. Aquel día tenías 16 años. 

El tiempo te llevó por varios caminos, pero nunca por el pantano que cruzaste aquella mañana. Como tú, la ciudad siguió su propia historia. Veinte años después, te despiertas con el aroma del café preparado por tu esposa. Tu hijo, que ya tiene ocho años, te salta encima, solicitando con energía una aventura. Recuerdas aquella laguna, las aves y los insectos de hace dos décadas. Entonces, decides volver. 

Vuelves a pasar por las mismas calles y avenidas, aunque sientes que el pavimento es ahora más largo. Le explicas a tu primogénito que la ciudad ha crecido y que los edificios están cada vez más altos. Llegas a aquel pantano que te dio alegría, pero ahora un letrero amonesta “Prohibido el paso”. Ya no hay lago y las aves no hacen ruido. El humedal se ha reducido, los juncos y totoras siguen ahí, pero son de menor tamaño. El pequeño acompañante, ignorante del espectáculo pasado, queda encantado: “¡gracias, papá!”, exclama. 

En casa, incómodo por la nueva realidad, buscas información sobre los lagos, lagunas y pantanos de nuestra costa. La bibliografía está repleta de datos sobre sus beneficios: fijan el carbono, regulan el ciclo del agua, brindan espacios para aprender y conectarnos con la naturaleza y, al fin y al cabo, nos proporcionan un ambiente más agradable para vivir. En medio del desierto son aún más valiosos: además de proveernos agua, nos brindan fibras con las que las artesanas de Huacho realizan preciosos objetos a mano. Pero el crecimiento urbano, la construcción de viviendas y la expansión de los campos agrícolas los están desplazando y, con ellos, sus beneficios. Te asalta entonces la pregunta: ¿qué podrá ver mi hijo en los próximos años?  

Mientras tomas el café de la tarde, recuerdas el espectáculo de las aves en el cielo a inicios del milenio y te preguntas si la función se repetirá en otra localidad de la costa. Siri te responde que en Lima existen cinco humedales ampliamente documentados y muchos más aún por estudiar. Algunos de ellos, como Los Pantanos de Villa, son protegidos por el Estado peruano, mientras que otros, como el Humedal Costero Poza de la Arenilla, cuentan con protección municipal,. En otros departamentos costeros, andinos y de la selva sucede lo mismo: existen más de 18 millones de hectáreas de humedales, 14 de ellos de importancia internacional, algunos protegidos, otros en proceso de depredación. Son tan importantes que cada 2 de febrero se celebra el Día Mundial de los Humedales3 y el Estado peruano ha diseñado una estrategia y diversas leyes para protegerlos4.

Con esperanza, anotas en el calendario el próximo pantano por visitar y le prometes a tu hijo que será un viaje inolvidable. 


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