REGALOS NAVIDEÑOS CON UNA PIZCA DE CIENCIA 


Una científica te recomienda maravillas que jamás se te ocurriría regalar


¿Harta de regalar el típico kit del pequeño químico a tu sobrina? ¿O del telescopio de plástico que apenas alcanza para observar un poquito de la Luna?

Aquí te dejo una lista de regalos con ciencia, cosas que yo misma quisiera recibir. Tal vez te inspiren para sorprender a tu amigo secreto, a tus seres queridos o, quién sabe, a ti mismo.

Número 1: Una gran lupa.Barata, útil y perfecta para abrir ventanas a mundos inesperados. Con una lupa puedes descubrir los patrones iridiscentes de las alas de un escarabajo, las formas sutiles de la Drosophila melanogaster, la mosquita de la fruta que infesta tus mangos maduros, o el esqueleto de quitina del chanchito que escapó de tu maceta. Las posibilidades son tan infinitas como tu imaginación. Y cuando te canses, se la puedes prestar a la abuela para que lea su novela favorita sin esfuerzo. Bonus track: añade un minimanual tipo “Con esta lupa puedes observar tricomas, estomas, estructuras de insectos, texturas de hojas y patrones fractales. La ciencia empieza con mirar.”

Número 2: Un microscopio. Si tienes más presupuesto, este regalo siempre seduce. Hay modelos para todos los bolsillos, incluso microscopios pequeñitos que caben en una mochila. Con uno de estos, quien lo reciba podrá explorar no solo la clásica cáscara de cebolla escolar, sino miles de bichos de todos los tamaños: algas terrestres, hongos, microorganismos del suelo y toda una fauna oculta que vive bajo nuestros pies (y dentro de nuestras barrigas). El límite está en el ingenio al recolectar muestras… y en la potencia del lente.

Número 3: Una bolsa de compost y, si te alcanza, una compostera casera. Las hay de cerámica, plástico o madera reciclada. El compost es el subproducto mágico de la descomposición de nuestros residuos orgánicos. Una compostera casera es un pequeño laboratorio vivo para reducir basura y aprender biología sin darte cuenta. Si quieres ponerte romántico, añade una orquídea peruana terrestre y una tarjeta poético científica: “Este compost está vivo: bacterias, hongos, actinomicetos y arqueas termófilas trabajan juntos para descomponer, liberar nutrientes y regenerar el suelo. Cada puñado contiene miles de millones de seres que sostienen la vida del planeta”. Así, regalas fertilidad, biodiversidad y, de paso, menos culpa por tirar las cáscaras de plátano.

Número 4: Un proyector de galaxias.Con este regalo puedes convertir cualquier habitación en un cielo estrellado y abrir conversaciones sobre constelaciones, exoplanetas y agujeros negros. ¡Y el 3I Atlas! Y si quieres añadir un toque político interplanetario, puedes iniciar el debate: “¿Deberíamos enviar a Elon Musk y sus amiguitos a Marte… y dejar que se queden allá?”

Número 5: Una canasta de papas peruanas (con panetón de papa, obvio). Si odias las canastas navideñas con comida chatarra, esta es la versión inteligente y deliciosa. Incluye papas nativas y un panetón de harina de papa, ¡suavecito y delicioso! Si quieres lucirte, añade el catálogo de más de 4.000 variedades nativas del Centro Internacional de la Papa. Además de alimentar, despierta curiosidad por nuestra agrobiodiversidad: un legado milenario y un orgullo científico peruano.

Número 6: Una canasta de chocolates o cafés peruanos. Si las papas no son lo tuyo, la dupla cacao–café nunca falla. Perú produce variedades de clase mundial, cada una con aromas y perfiles químicos fascinantes. ¿Quieres sumar un toque literario? Incluye El Perfume, de Patrick Suskind, para recordar que nuestra nariz es un laboratorio bioquímico portátil capaz de distinguir millones de moléculas aromáticas, ¡y dispuesto a matar por ellas!

Número 7: Una fotocámara trampa. Perfecta para quienes tienen un jardín frondoso o viven cerca del bosque. Son más baratas de lo que parecen y te regalan escenas que nunca verías con tus propios ojos. La mía recientemente captó una jauría de lobos, un puercoespín y un zorro. Un recordatorio de que compartimos este planeta con otros seres. Y si la fauna local está medio escasa, siempre funcionará para capturar imágenes del vecino intruso o del ladroncito del barrio.

Número 8: Una pequeña colección de rocas peruanas. Cuarzo, pirita, granito andino, obsidiana… Barato, elegante y perfecto para niños y adultos curiosos. Agrega una tarjeta científica: “Cada roca cuenta una historia de temperaturas extremas, presiones profundas, erupciones, glaciares, ríos o montañas formándose durante millones de años. Un pedacito del tiempo geológico del Perú”. Somos un país minero: celebremos, al menos, las rocas que no dejan pasivos.

Número 9: Un minilaboratorio de sales peruanas. Por muy poco dinero puedes armar un set con sal de Maras, sal negra volcánica y sal rosada. En un restaurante de Ollantaytambo me las sirvieron como pequeñas piedras sobre madera, con un minirallador. ¡Elegantísimas! Quedarás más elegante aun si añades una tarjeta que explique la mineralogía, el origen geológico, las trazas de elementos y cómo la evaporación solar concentra los cristales.

Número 10: Mi fetiche secreto: una réplica del esqueleto humano. Amo la anatomía, y siempre he envidiado a quiroprácticos y osteópatas por esas magníficas réplicas de esqueletos que tienen en sus consultorios. Me dicen que los venden en la avenida Abancay de Lima para estudiantes de medicina. Hay versiones pequeñas (para billeteras delgadas) y de tamaño real (para billeteras osadas), con o sin soportes. Regalas huesos, historia evolutiva y la fascinación por la fabulosa máquina que es el cuerpo humano. Quién sabe, podrás despertar al médico o quiropráctico que está en ti (o en tu amigo secreto).

Bonus final (si estás súpermisio):Una suscripción a Jugowww.jugo.pe—. Cada lunes recibes ciencia fresca y, por solo 3 dólares al mes, solucionas el regalo y apoyas la divulgación científica peruana. Más compromiso, imposible.


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1 comentario

  1. norah

    super! ,podria ser un regalo mas de una canasta de hierbas aromaticas del peru. !

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