Su nombre es Zohran Mamdani


¿Qué podemos aprender de la campaña y el discurso del electo alcalde de Nueva York?


Francisco Miranda. Es un abogado reformado y urbanista que escribe y observa la ciudad desde Brooklyn. Se especializa en comunicación y relaciones públicas en arquitectura, urbanismo y real estate. Vive en Nueva York desde hace diez años.


Inmigrante, musulmán y con 34 años, Zohran Mamdani acaba de ser elegido el alcalde de Nueva York. Es el segundo alcalde más joven de la historia de la ciudad y el primero en recibir más de un millón de votos desde que lo hiciera John Lindsay en 1969. Histórico es poco.

Este año he cumplido diez años viviendo en Nueva York, y he seguido estas elecciones muy de cerca, elecciones que han parecido más latinas y telenoveleras que americanas (aunque acá, la política de aburrida ya no tiene nada). Lo que vuelve este resultado histórico es también el hecho de que, como dijera Alexandria Ocasio Cortez (AOC) la noche de las elecciones, Zohran y su equipo no solo ganaron, sino que derrotaron al establishment. En una carrera de interés nacional, les ganaron a los republicanos y también a la vieja guardia demócrata.

A pesar de que Zohran aplastó a la competencia en las primarias del Partido Demócrata, las “estrellas” del partido se rehusaron a respaldarlo. Hillary, Biden, Buttigieg, Pelosi, Schumer… todos guardaron silencio. Obama llegó a llamarlo para felicitarlo por la campaña, pero nunca para respaldarlo públicamente. Y es que el partido sigue aferrado a la fantasía de que el centrismo de siempre sigue siendo la respuesta en un país secuestrado por una ultraderecha violenta, racista y descontrolada. No aprendieron del resultado de Kamala Harris el año pasado y le tienen pavor a cualquier candidato progresista. Es realmente agotador.

¿Y con qué fin? No hay una sola propuesta “radical de izquierda” en la plataforma de Zohran. Buses gratuitos, vivienda asequible, cuidado infantil universal… ¿eso es acaso revolucionario? Y, aun así, cada vez que alguien menciona la posibilidad de un bus gratuito, lo tratan como el primer paso hacia un apocalipsis marxista. Quizás la propuesta que más bulla ha generado es la de subir el impuesto a quienes ganan más de un millón de dólares al año en un 2 %. Algo que ya se ha probado con éxito en otros estados. Una medida de (muy poca) redistribución en beneficio de la ciudad. Muy lejos de cualquier forma de comunismo.

La campaña de Zohran debería ser el modelo a seguir. Es cierto, los demócratas tuvieron otras victorias importantes la semana pasada, pero ninguna como esta. ¿Cuál es la diferencia? Los que votaron por Zohran no sólo estuvieron motivados por el miedo a Trump o el agotamiento con el estado de la economía: estuvieron también inspirados por la posibilidad de un cambio real. Su campaña logró que los neoyorquinos volvieran a creer, sin sentirse cringe, en la esperanza. Amigos tanto en Lima como en otras ciudades del mundo siguieron esta elección. ¿Cuándo fue la última vez que una elección municipal en Nueva York generó eso?

Sus propuestas, centradas en volver a Nueva York asequible para quienes viven aquí, son muy populares a todo nivel. Demócratas, republicanos, independientes: todos quieren poder vivir en la ciudad donde trabajan. No es radical. Es reclamar un mínimo de dignidad.

¿Cuál fue la clave de su éxito? Durante toda la campaña, Zohran se mantuvo 100 % enfocado en su mensaje. Lo llamaron de todo: yihadista, proterrorista, antisemita, corrupto, chibolo. Hubo congresistas que hasta intentaron quitarle la ciudadanía. A pesar de ello, nunca perdió el rumbo.

Zohran y su campaña estuvieron en todas partes. De TikTok a Instagram, y en donde sea que la gente esté. Un día lo podíamos ver conversando con taxistas a la medianoche en el aeropuerto, y al día siguiente haciendo tai chi en China Town. Una mañana cruzaba el Brooklyn Bridge para dar una conferencia a primera hora afuera de la Municipalidad, y esa misma noche estaba bailando no en una, no en dos, sino en tres discotecas distribuidas entre Manhattan, Brooklyn y el Bronx. Lo mejor de todo: lo hizo sin sonar moralmente superior o falso. Su equipo logró que decenas de miles de voluntarios se sumen y, de alguna manera, todo se sintió alegre y hasta divertido. Realmente inédito. Lo opuesto a lo deprimente que se siente participar en política hoy.

Eso, sin mencionar la impecable estrategia digital y visual. Podría escribir otro artículo enfocado solo en eso; tremendo trabajo el de la agencia Forge.

Luego vinieron los debates. Zohran fue quirúrgico en su discurso: mantuvo el mensaje enfocado en acceso a vivienda asequible y el costo de vida en la ciudad, desmanteló el legado desastroso del actual alcalde (Eric Adams) y fue durísimo con Andrew Cuomo. Cuomo, ex gobernador de Nueva York, que renunció tras múltiples denuncias de acoso sexual, fue el candidato de los millonarios liberales, de los demócratas de siempre —a pesar de que perdió las primarias antes de lanzarse como independiente— y, bueno, fue respaldado hasta por el mismo Trump días antes de las elecciones. Hasta hoy no comprendo su candidatura. Finalmente estuvo el candidato republicano, Curtis Sliwa, y hay que decirlo, fue quien trajo el humor. Caótico, gritón y conocido por su boina roja y sus 17 gatos.

Conforme reflexiono sobre estos diez años vividos en Nueva York, es imposible no recordar que tenía pocos meses aquí cuando Trump fue elegido presidente. Luego vino Biden, un alivio, pero no una gran revelación. Esta victoria se siente muy distinta. Tal vez estoy siendo ingenuo, pero la victoria de Mamdani logró que, por primera vez en años, la esperanza no se quede en un tuit: ahora tiene potencial de convertirse en política pública.

El día de las elecciones organicé una pequeña reunión para ver los resultados. Se respiraba una sensación colectiva de alivio, como si por fin no estuviéramos locos por seguir creyendo en un futuro para esta ciudad.

Los demócratas deberían prestar atención. Esta victoria es un salvavidas en un año bastante oscuro. Ha tenido un impacto más allá de la ciudad y del estado. Si la ignoran y no aprenden, seguirán perdiendo. Si la aprovechan y empujan al partido a transformarse, tal vez haya un camino hacia adelante. La estrategia de presentarse como la opción “anti-Trump”, dócil y empresarial, no será suficiente rumbo al próximo ciclo electoral.

Como inmigrante, siempre tengo un pie en Lima y otro en Nueva York, y es inevitable pensar en el estado de la política en el Perú. Se viene una próxima contienda presidencial que promete más de lo mismo: los mismos políticos de siempre, las mismas promesas, el mismo guion. Si la política peruana tiene algo que aprender de estas últimas elecciones en Nueva York, es que sí es posible algo distinto, así tengas a todo el sistema en tu contra. A veces parece imposible, pero si de algo estoy seguro es de que existe en el Perú un electorado expectante, emocionalmente agotado, pero con muchas ganas de cambio.


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1 comentario

  1. Rossana Alayza

    Me encantó y estoy 100% de acuerdo contigo. Una campaña similar a la de Mamdani en Perú funcionaría. No es irracional que la gente quiera tener necesidades básicas cubiertas como algo mínimo indispensable.

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