Una resolución de expertos pulveriza los eufemismos sobre el horror palestino
59 mil muertos, 143 mil heridos, más del 90 % de viviendas destruidas. La reciente resolución de la Asociación Internacional de Estudios sobre el Genocidio (IAGS, por sus siglas en inglés) ha sido muy clara: lo que está pasando en Gaza es más que una cruenta guerra, estamos ante un genocidio en curso.
La IAGS reúne a especialistas de todo el mundo en estudios sobre genocidio; académicos de prestigio que han dedicado su vida profesional al estudio de este tipo de crímenes. El documento, que marca un hito, fue aprobado el pasado 31 de agosto y señala que las acciones de Israel contra la población palestina cumplen con la definición legal de genocidio establecida en la Convención de la ONU de 1948.
El texto empieza recordando el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023. Aquí no hay espacio para la duda o el matiz, ese ataque es claramente señalado como un crimen internacional. Pero la ofensiva israelí, de acuerdo con la resolución, se convirtió en una verdadera campaña de aniquilación.
Los números son demoledores: más de 59 mil personas asesinadas, miles más desaparecidas y al menos 143 mil heridas. La resolución detalla ataques deliberados contra hospitales, viviendas, comercios y otros espacios civiles. Gaza, dice el documento, ha sido convertida en un territorio inhabitable .
Casi toda la población —2.3 millones de personas— ha sido desplazada, muchas veces de manera repetida. Familias enteras se han visto borradas del mapa. El documento habla de generaciones aniquiladas. Entre las cifras, hay un dato que resulta particularmente desolador: más de 50 mil niños muertos o heridos. La IAGS subraya que los niños son esenciales para la supervivencia de cualquier grupo social, el futuro de un pueblo depende de sus generaciones más jóvenes, y que atacarlos constituye una señal clara de intención genocida.
El documento también describe cómo se ha devastado lo necesario para la vida diaria. Tierras agrícolas quemadas, almacenes de comida destruidos, incluso los pozos de agua han sido atacados o bloqueados. La estrategia, según la IAGS, es clara: provocar hambre, sed y enfermedad hasta hacer imposible la existencia en Gaza.
A los ataques a las personas hay que sumarle los ataques a su cultura. La resolución documenta la destrucción de escuelas, universidades, bibliotecas, archivos y museos. Atacar estos lugares, dice el texto, significa intentar borrar la identidad colectiva palestina.
En ese contexto, el pronunciamiento también destaca el peso de las palabras. Ministros y altos mandos israelíes han calificado a los palestinos de Gaza como “animales humanos”, han prometido “aplanar” el territorio y convertirlo en “infierno”. Para la IAGS, estos discursos son prueba de la intención genocida: no se trata solo de cómo se combate, sino de qué se busca al hacerlo. A esto se suma lo político: el primer ministro Benjamin Netanyahu ha apoyado planes que contemplan la expulsión total de la población palestina de Gaza, sin derecho de retorno.
El documento recuerda que la Corte Penal Internacional emitió en noviembre de 2024 órdenes de arresto contra Netanyahu y el exministro de Defensa Yoav Gallant. Los acusa de crímenes de guerra, persecución y uso del hambre como arma. También está la Corte Internacional de Justicia, que en tres resoluciones de medidas provisionales (enero, marzo y mayo de 2024) concluyó que es plausible que Israel esté cometiendo genocidio en Gaza.
La resolución de la IAGS incluye llamados concretos: que Israel cese de inmediato todas las acciones genocidas y cumpla las órdenes de la Corte Internacional de Justicia. Que los estados cooperen con la Corte Penal Internacional y entreguen a los acusados. Que los países hagan valer sus obligaciones bajo la Convención contra el Genocidio y el derecho internacional. Que se abra un proceso de reparación y justicia transicional, capaz de garantizar democracia, libertad y dignidad para Gaza.
La IAGS no dicta sentencias, ni tiene poder para detener una guerra. Lo que sí tiene es autoridad moral y académica. Sus miembros son especialistas en genocidio, y su palabra carga con el peso de la memoria histórica de otros horrores. En ese sentido, su resolución funciona como un espejo incómodo. Lo que todos vemos día a día en imágenes y reportes, la IAGS lo formula en términos jurídicos: genocidio. No es un término cualquiera, por su brutalidad es catalogado como el crimen de los crímenes.
Para Gaza, la resolución de la IAGS no traerá alivio inmediato, pero sí coloca al mundo frente a una verdad difícil de seguir ignorando o justificando. Lo que ocurre no es una “respuesta militar contundente”, ni “una operación de seguridad” ni “acciones de legítima defensa israelí”, sino un proceso sistemático de destrucción de un pueblo. Hay que escribirlo y gritarlo con todas sus letras: detengan de inmediato el genocidio contra el pueblo palestino.
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