Vida y obra del doctor Truquini


¿Quién es este personaje y cómo podemos detenerlo?


Coyunturas políticas como la actual, donde la Constitución cumple un rol importante en la búsqueda de soluciones a la crisis, son el escenario ideal para que aparezca solícito, desde algún despacho, un personaje típico de nuestra realidad jurídica: el doctor Truquini. El apelativo no es mío, lo acuñó hace algunos años la periodista y abogada Rosa María Palacios. No hace mención a una persona específica, sino a una forma de ejercicio profesional de la abogacía. Ella lo explica mejor que yo en uno de sus programas:

“El doctor Truquini es un personaje que aparece para darle visos de constitucionalidad a algo que en realidad es un proyecto político. Para los que han leído La Fiesta del Chivo de Mario Vargas Llosa, recordarán que siempre un constitucionalista acompañaba al dictador. Este personaje, lamentablemente, siempre aparece en tiempos de crisis. Y no dice lo que dice la Constitución y la ley, o no la interpreta de acuerdo con lo que dice la Constitución y la ley: la interpreta de acuerdo al proyecto político para el cual está trabajando formal o informalmente, u oficiosamente”. 

En un tuit posterior, Rosa María ahonda en el concepto: “Ese nefasto personaje aparece para poner la ley al servicio de la prepotencia. A los periodistas los enredan, a los ciudadanos los confunden y a sus políticos corruptos les hacen grandes servicios”.

Rosa María hace mención a La Fiesta del Chivo, la conocida novela sobre el dictador dominicano Rafael Trujillo. En ella, Mario Vargas Llosa creó al personaje Henry Chirinos, “El Constitucionalista Beodo”: 

“Abogado, fungía de constitucionalista. (…) Nadie como él para dar, en discursos parlamentarios preñados de latinajos y de citas —a menudo en francés—, apariencia de fuerza jurídica a las más arbitrarias decisiones del Ejecutivo, o para rebatir, con demoledora lógica, toda propuesta que Trujillo desaprobara. Su mente, organizada como un código, inmediatamente encontraba una argumentación técnica para dar visos de legalidad a cualquier decisión de Trujillo, ya fuera un fallo de la Cámara de Cuentas, de la Corte Suprema o una ley del Congreso. Buena parte de la telaraña legal de la Era había sido tejida por la endiablada habilidad de ese gran rábula”.

Henry Chirinos es un producto de la imaginación del autor, pero fue inspirado en alguien real, como suele pasar con muchos personajes de la literatura. Y más real resulta todavía el rol que ese tipo de abogados decide cumplir desde la disciplina jurídica a favor de algún poderoso al distorsionar las normas y los principios a su favor.

El derecho, por supuesto, tiene áreas grises y vacíos, los cuales requieren de interpretación e integración jurídica para buscar soluciones y aplicaciones razonables de las normas. Esto hace que haya muchos temas discutibles, y que las posiciones distintas no solo sean posibles sino, en muchos casos, necesarias, para al final poder hallar la mejor respuesta. Pero este no es el caso, pues el doctor Truquini interviene ahí donde las cosas son claras, pero desfavorables a intereses poderosos. Ofrece posturas y argumentos que, en abstracto, son forzados y normalmente no merecerían mayor análisis, pero que en esa coyuntura concreta terminan siendo muy oportunas para beneficiar a algunos o perjudicar a otros, por lo que inmediatamente reciben de determinado sector un manto de verosimilitud.

¿La Constitución no permite una segunda reelección? Allí aparecerá el doctor Truquini para interpretar que sí se puede, pues los primeros cinco años de gobierno no cuentan. ¿Las resoluciones del Jurado Nacional de Elecciones afectan los intereses políticos de un grupo? El doctor Truquini tendrá todo el tiempo que necesite en el prime timetelevisivo para hablar de supuestas infracciones constitucionales de los integrantes del organismo electoral, para poder instalar la sospecha sobre su idoneidad. ¿No alcanzan los votos para la vacancia presidencial? El doctor Truquini encontrará un mecanismo que requiere menos votos para librarse del presidente, y saldrá a explicarlo como si fuese una interpretación evidente, sin mayor necesidad de discusión. ¿El presidente intentó disolver el Congreso e intervenir el sistema de justicia? El doctor Truquini explicará en diversos tuits que, en realidad, no se puede considerar un golpe de Estado y que se trata de algo casi anecdótico. ¿Los congresistas quieren atornillarse en sus puestos? El doctor Truquini saldrá a decir que la Constitución no permite adelantar elecciones congresales, sin importarle que ya se haya hecho en el pasado con esta misma Constitución.

Izquierda, derecha, conservadores, liberales, todos encontrarán un doctor Truquini dispuesto a elaborar una teoría jurídica que los favorezca, así vaya en contra de la doctrina y la jurisprudencia, e incluso de lo que ese mismo abogado sostuvo tiempo atrás. Uno de los fines de la Constitución es limitar al poder, pero para ellos se vuelve un instrumento para servir al poder y que este evite cualquier control.

Este accionar, como se imaginarán, va en contra de las normas éticas que debe seguir cualquier abogado. El Código de Ética del Abogado señala que la abogacía tiene por fin la defensa de los derechos de las personas y la consolidación del Estado de Derecho, la justicia y el orden social (artículo 3); que el abogado y la abogada son servidores de la justicia, y que su labor debe desempeñarse con estricta observancia de las normas jurídicas y de una conducta ética que refleje el honor y la dignidad profesional (artículo 5). También establece que el abogado debe obedecer la ley, no debe inducir a otros a que la infrinjan, ni aconsejar actos ilegales, debiendo promover la confianza del público en que la justicia puede alcanzarse con el cumplimiento de las reglas del Estado de Derecho (artículo 7), y que el abogado debe inspirar con sus actuaciones la confianza y el respeto de la ciudadanía por la profesión de abogado, debiendo abstenerse de toda conducta que pueda desprestigiar la profesión (artículo 8).

El doctor Truquini afecta la imagen y el trabajo de los abogados, pues termina confirmando que “hecha la ley, hecha la trampa”, o “para mis amigos, todo; para mis enemigos, la ley”, y demás frases populares que recuerdan permanentemente lo lejos que estamos de que se cumplan los ideales que motivan —o deberían motivar— el ejercicio profesional del derecho. Es el truco que desplaza a la justicia, para alegría de quienes ven cualquier limitación del poder como un estorbo a sus intereses. 

¿Cómo detener al doctor Truquini? Las universidades tienen un rol clave en la formación de los futuros abogados, tanto en conocimientos jurídicos como en los valores de la profesión. Además, los profesores e investigadores deben de llevar la academia a la gente, y participar más activamente en los debates que se dan en la sociedad y que involucran a su disciplina, dando opiniones solventes y bien explicadas que permitan hacer frente a las tretas jurídicas armadas con mala intención. Los medios de comunicación también tienen responsabilidad, pues deberían contar con filtros más rigurosos a la hora de abrir el micrófono a analistas jurídicos, y no caer en la tentación de buscar a quienes darán una opinión sensacionalista o que se alinee fácilmente con determinada línea editorial. 

Finalmente, el doctor Truquini seguirá hablando hasta por los codos mientras sienta que su perorata jurídica tiene algún nivel de eficacia. Las autoridades y quienes aspiran a serlo deben recordar su obligación de respetar y defender la Constitución, incluso cuando ello afecte sus intereses o aspiraciones políticas.


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5 comentarios

  1. Mariano Calderon

    Los abogados truquinis de los recientes atropellos son los Drs. Omar Cairo y Luciano Lopez (este dice siempre no pero si), ambos fueron inventados de la nada por los medios adictos a Vizcarra para hacer el trabajo sucio de justificar el cierre inconstitucional del congreso con una denegación fáctica que no existe en la doctrina universal, hechos que el Sr. de Belaunde apoyó a rabiar siendo congresista, como apoyó y protegió los actos despreciables de Vizcarra. Ese par de truquinis defendieron las cautelares de jueces para impedir que el congreso nombre a los miembros del TC y defensor del pueblo, violando la división de poderes consagrada en la constitución, actos de truquinis que Belaunde también aplaudió y defendió porque así la izquierda no perdía poder en ambas instituciones. Por tanto, hay que tener la cara bien dura para haber escrito este artículo.

    Pero de Belaunde también es abogado truquini en su propio artículo. Según él, la labor de los truquinis es dar «sustento legal» a una tergiversación de norma expresa de la constitución (como la «denegación fáctica» o «la elección de TC o defensoría), lo que no es el caso de «los congresistas quieren atornillarse a sus puestos» que él afirma suelto de huesos, y no lo es porque el mandato constitucional es de 5 años, ellos no están violando la constitucion al defender su periodo congresal. Por el contrario, el sr. Belaunde es el abogado truquini que pretende sostener o mejor inventar, que los congresistas quieren atornillarse para así él » justificar» un adelanto de elecciones que es inconstitucional, pero que Belaunde quiere porque le conviene politicamente.

    La gente no es tan boba, por eso el autor no cuenta con credibilidad ni respeto, y su partido fue extinguido por el pueblo en las últimas elecciones municipales.

    • Nina Bustamante

      Totalmente de acuerdo con Marco Calderón. Que el señor Alberto Belaúnde solo nos explique un hecho: ¿Por qué la sucesión de Merino, presidente del congreso por entonces, fue ilegítima; y la del congresista Francisco Sagasti, elegido presidente del congreso a la renuncia de Merino, sí lo fue? La propuesta de Mariano López para sesgar esa votación congresal fue más que evidente.

    • Arturo

      El funcionario público puede decir te brindo protección pero en la practica hace lo contrario. En este caso quieres que prevalezca solo lo que dice? Y no lo que hace? Deja de ser truquini?

  2. Luis

    Y tenemos muchos en Perulandia. Gracias Alberto por el artículo y gracias a Rosa María quien es nuestra educadora favorita

  3. Mariano Calderon

    En los últimos años, los abogados truquinis mas prominentes son Omar Cairo y Luciano Lopez (este siempre dice: no, pero si), ambos inventados de la nada por los medios adictos a Vizcarra para hacer el trabajo sucio de justificar el cierre inconstitucional del congreso con la denegación fáctica que no existe en la doctrina universal, hecho funesto que el Sr. de Belaunde apoyó siendo congresista, como también protegió al gobierno de Vizcarra. Los mismos truquinis también “interpretaron” para justificar cautelares de jueces que impidieron al congreso nombrar al TC y defensor del pueblo, violando la división de poderes consagrada en la constitución. Argumentos truquinis que Belaunde también convalidó porque así la izquierda no perdía el poder en ambas instituciones.

    Lo increíble es que Belaunde también hace de abogado truquini en su propio artículo. Dice que la labor de los truquinis es dar «dar visos de legalidad» a actos inconstitucionales solo por conveniencia política, planteando o sugiriendo que el que los congresistas «quieran atornillarse a sus puestos» sería también algo inconstitucional. Esto es falso porque el mandato congresal es de 5 años y al defenderlo (sea no aprobando adelanto elecciones), los congresistas no están violando la constitución. Belaunde es abogado truquini al pretender sostener o mejor dicho inventar, que los congresistas quieren atornillarse para de ese modo poder dar justificación a un adelanto de elecciones que hoy es inconstitucional, a menos que los congresistas modifique constitución y recorten su propio mandato. Pero que importa, Belaunde recurre a los truquinis porque le conviene políticamente a su grupo.

    La gente no es tan boba, por eso de Belaunde no cuenta con credibilidad ni respeto, y su partido fue extinguido por el pueblo en las últimas elecciones municipales.

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