Todo sobre mi madre


Una promesa que he cumplido a medias


Antes de escribir estas líneas hablé largo rato con mi madre, un poco para pedirle consejo, pero, sobre todo, para pedirle permiso. Hoy se celebra en el Perú y en gran parte del mundo el Día de la Madre, una fecha que –desde que tengo uso de razón–, no ha sido de su gusto, porque la encuentra edulcorada y llena de clichés, como bien nos lo recuerda en su espacio mi amiga, la bloguera Mala Madre

            Pero el problema que mi madre tiene con esta fecha es más profundo y puede rastrearse hasta su infancia, algo antes de cumplir once años: su madre murió a los 29 años, de una enfermedad que ahora podría haberse tratado con relativa facilidad, a muy pocos días del Día de la Madre. Desde ese momento se convirtió, de alguna manera, en la madre de su hermana de siete años y tuvo que afrontar todos los segundos domingos de mayo la rigurosa costumbre de usar un clavel blanco en la solapa por su madre muerta, mientras que mi abuelo, cuya madre aún estaba viva, portaba uno rojo.

            Cuando le tocó ser madre, su poco entusiasmo por el Día de la Madre nos fue transmitido y, ahora que vivo en un país que lo celebra en marzo, la efemérides me visita dos veces al año. De más está decir que ambas fechas me terminan causando más incomodidad que ganas de celebrar y ahora, que han quedado atrás los años de colegio en que obligaban a mis hijos a hacerme manualidades, ninguno está muy seguro de si se celebra en marzo o en mayo, lo cual termina por reforzar su artificialidad. 

            Al final, una cosa que me quedó muy clara desde niña es que para ser madre no se necesita haber tenido hijos. Mi madre compartió todo con su hermana, y mi tía, si bien nunca tuvo hijos, ha sido como una madre para mí y para mi hermana. De la misma manera, también he compartido como he podido con mi hermana la crianza de mis hijos y siento que ellos también son suyos. Hoy, en la inmensa distancia que ha abierto la pandemia, las pienso juntas celebrando este día y las extraño.

            Mi madre me acaba de dar permiso para compartir esta historia, aunque para ella sigue siendo dolorosa. Pero el consejo que me dio fue que no hablara de algo que me es urgente: de qué manera se está manipulando hoy el Día de la Madre con fines electorales. Nuestro país está tan polarizado, me dijo, que es mejor dejarlo para otro momento. Y no le falta razón: algunos en esta segunda vuelta hemos decidido no decir todo lo que pensamos para no herir más susceptibilidades. Pero no puedo con mi genio. Lo siento, mamá, pero algo se me va a escapar ahora.

            Como nos lo recuerda Jazmina Barrera hoy en el New York Times en español, el Día de la Madre nació como un evento político. Fue un tipo de protesta pacifista iniciada durante la Guerra de Secesión en Estados Unidos, cuando una madre empezó a organizar clubes para mejorar la salud de sus hijos, cuidar a los soldados heridos de ambas trincheras y para recordar a los hijos fallecidos. Su hija logró en 1914 que la celebración se hiciera oficial y, casi desde su inicio, se convirtió en un festival de ventas y consumo que ella trató de combatir toda su vida, sin éxito alguno.

            Barrera nos pide, entre otras cosas, que dejemos “de inundar las redes con felicitaciones vacuas y mejor las llenemos de ideas para la crianza colectiva. Que en vez de salir a los restaurantes salgamos a las calles a exigir un sistema nacional de cuidados, aborto legal, seguro y gratuito […] así como justicia para las madres de personas desaparecidas y víctimas de feminicidios.” 

            Concuerdo con ella. La maternidad es hermosa, pero puede ser difícil; y endiosar a quienes son madres deja con un gran reto y posterior vacío a quienes son obligadas a ser madres después de una violación, a quienes han sufrido de violencia obstétrica, a quienes han tenido depresión postparto, así como a quienes no han tenido hijos porque no han querido, no han podido o se les ha impedido hacerlo. 

            Celebremos a las madres y a la maternidad, pero no naturalicemos la violencia que puede venir escondida en ella: hagamos del Día de la Madre una fecha política, pero no para favorecer a un candidato o a otro.

8 comentarios

  1. Cecilia Alcazar de Lanzara

    Muy buena reflexión! Gracias por compartirla. Soy mamá de 2 y no puedo dejar de pensar en días como hoy, en tantas mujeres cercanas a mi, quienes hicieron todo por concebir y no lo lograron y en quienes se vieron obligadas a tenerlos sin desearlos.
    Abrazo

  2. Gloria Dunkelberg

    Muy bueno…! Me había quedado en el «endiosamiento» de las madres, como el vals…»Devuélveme el rosario de mi madre y quédate con todo lo demás» pero faltaba mucho por analizar…

  3. Isabel Merino

    Muy emotiva historia sobre tu madre y su experiencia de vida sobre como afrontó la pérdida a temprana edad de su mamá y como esto tuvo mucho que ver con su vida de mamá en cuanto a la celebración de ese dia
    Yo escribi un pequeño relato como homenaje a mi madre por todo el legado tan hermoso y profundo que me dejó para mi vida sobre todo el valor tan grande que tenía sobre la vida humana desde el momento de la concepción y principios cristianos por eso es que cuando pude comencé a trabajar como defensora de la vida de aquel niño o niña que todavía no tiene voz o sea ese grito en el silencio de la muerte que no puede ser escuchado

  4. Lucy Flores Lazo

    Como siempre Natalia, profunda y sensible. Gracias po «no poder con tu genio» y darnos la otra visión.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

dieciocho − 5 =

Volver arriba