Sobre hombros de gigantes


Reflexiones a un año de la partida de Luisa Revilla


En pocos días se cumplirá un año de la muerte de Luisa Revilla, la primera –y hasta ahora, la única– mujer trans en ocupar un puesto de elección popular en nuestro país. Luisa fue regidora distrital en La Esperanza, Trujillo, de 2015 a 2018, y se mantuvo activa en la política y en el activismo hasta que el Covid se la llevó en abril pasado.

Este artículo busca ayudar a recordarla, por ser de justicia, y para luchar contra el olvido que suele llevarse capítulos de la historia del movimiento LGTB+ y sus principales personajes. Pese a la importancia que tuvieron para el colectivo, varios liderazgos históricos son hoy referencias lejanas, de quienes poco se puede aprender en internet u otras fuentes de información.

Casi nada podemos encontrar, por ejemplo, sobre la valiente Lucía Ueda, una de las primeras activistas lesbianas en el país. Fue directora ejecutiva del Movimiento Homosexual de Lima, y en 1995 formó parte del primer plantón LGBT+ en el Perú, realizado en el Parque Kennedy de Miraflores. O sobre Eddie Blume, actor, director de teatro y activista gay, con un notable trabajo para sensibilizar sobre la problemática del VIH y SIDA en el Perú. 

Estas páginas en blanco no se generan por ingratitud o indiferencia de los activistas de hoy. Por el contrario, siempre se impulsan iniciativas para rescatar la memoria histórica del colectivo. El problema radica en que la situación de precariedad y exclusión, de antes y de ahora, hace que esta sea una tarea particularmente difícil. 

Entonces, permítanme recordar a Luisa. Permítanme luchar contra el olvido y, con suerte, inspirarlos con su historia. Las palabras que leerán a continuación son parte de la presentación a la entrevista que le hice para mi primer libro, Más allá del arcoíris: Autoridades LGBT en América Latina (Planeta, 2017).

“Condecoran por el Día de la Mujer a regidora transgénero”. No parece el titular de una noticia peruana, pero lo es. El Perú cuenta con una regidora transgénero en un distrito en Trujillo, y la municipalidad provincial le brinda un homenaje por ser una mujer destacada. ¿Nos convertimos en Suiza de la noche a la mañana? Voy a la sección comentarios de la noticia y la realidad responde con toda su crudeza: “Son una tira de idiotas, cómo se les ocurre condecorar aún hombre, acaso no hay verdaderas mujeres en la Municipalidad” [sic], “Con la plata de todos los trujillanos, hacen todo eso, que pena ese alcalde que no hay verdaderas mujeres luchadoras es una falta de respeto, pero no nos asombremos seguro que gana su plata del extrangero por plublicitar ideologia de genero sin duda” [sic], “Ése alcalde bruto no conoce lo q es una mujer?” [sic]. 

Un golpe de realidad: no somos Suiza, ni estamos cerca de serlo. Seguimos siendo el país donde la vida y la dignidad de algunos ciudadanos vale menos que la de otros y no tenemos reparos en expresarlo públicamente.

Ser una mujer trans en el Perú y América Latina es aspirar a ser un error de la estadística para sobrevivir. En el Perú se estima que nueve de cada diez mujeres trans no tiene seguro de salud, y una de cada tres está infectada con VIH. Cinco de cada diez mujeres trans abandonan los estudios, en su mayoría por situaciones de acoso y bullying. Hay un aproximado de entre 10% y 20% de la población trans que no cuenta con documento de identidad. Asimismo, no tenemos una cifra que refleje a cabalidad el nivel de agresión física al que están expuestas debido al rechazo casi sistemático de la policía, que se resiste a atender estos casos.

La credencial oficial de Luisa otorgada por el organismo electoral es el testimonio de su más grande éxito y, al mismo tiempo, el recordatorio de una de sus mayores frustraciones. El documento acredita oficialmente que Luisa Revilla fue elegida regidora del distrito de La Esperanza, pero el nombre que ahí consta es su nombre biológico. En el Perú, para que una persona trans logre rectificar su documento de identidad debe iniciar un proceso judicial que puede durar años, con los costos que ello implica y sin un resultado claro, pues dependerá de qué jueces vean su caso, cual sorteo. Soy uno de los firmantes del proyecto de ley de identidad de género que busca convertir ese proceso judicial en un procedimiento administrativo ante el Reniec, lo que permitiría plazos y costos razonables, así como predictibilidad en el resultado. Pero, siendo sincero, de los proyectos de ley presentados sobre derechos LGBTI —unión civil, matrimonio igualitario, crímenes de odio e identidad de género—, este es el que menos respaldo y visibilidad tiene. Recordemos que el nuestro es el Congreso donde un congresista de la mayoría ha presentado un proyecto de ley para eliminar la palabra “género” del currículo escolar y donde se derogó un decreto legislativo sobre crímenes de odio por considerar que no era un tema de seguridad ciudadana.               

Aquí otra paradoja dramática que nos muestra lo mucho que falta por avanzar: el distrito de La Esperanza, que eligió a la primera regidora trans del Perú, fue escenario, veinte meses después de la elección, de un crimen de odio contra una adolescente trans. Zuleymi Aylen recibió cuatro balazos que acabaron con su vida. No llegó a cumplir los 15 años. La apertura política mostrada por la comunidad no implicó la desaparición de la violencia estructural que sufren a diario hombres y mujeres trans. 

Cuando Luisa salió elegida, llovieron las entrevistas. Diarios, programas de televisión y portales de noticias —nacionales y extranjeros— querían conocerla. Revisar las entrevistas sirve un poco para saber de ella, pero en muchos casos también para ver reflejado el poco conocimiento de la sociedad sobre el tema trans. Muchos periodistas le preguntaron, por ejemplo, sobre la unión civil entre personas del mismo sexo, pero nada acerca del proyecto de ley de identidad de género. Aun así, el simple hecho de que realicen una cobertura periodística sobre el éxito de una mujer trans ya es un gran avance respecto a la imagen que se suele proyectar: mujeres vistas como un problema de seguridad ciudadana por su trabajo sexual callejero, sin ahondar en las desigualdades estructurales que las llevaron a esa situación. 

En una de esas entrevistas le preguntaron qué mensaje le podría dar a la comunidad LGBTI: “Que así como yo pude hacerlo, lo pueden hacer muchas más. Solamente se necesita ser perseverante, luchadora por tu causa, sentirte segura de lo que eres, prepararte y leer mucho. Y seguro que en estas próximas elecciones no solo habrá una Luisa Revilla; van a haber varias chicas y chicos también. Y aquí la ciudad más conservadora del Perú, Trujillo, está dando ejemplo de respeto y de oportunidad para todos”. Luisa sabía mejor que nadie la importancia del mensaje que estaba transmitiendo. No se trata solo de ser un error de la estadística; se trata de cambiar la estadística para tener una sociedad más justa y decente.

Descansa en paz, Luisa. Gracias por tu valiente testimonio de lucha.

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