¿Por qué se bautizan a las olas de calor?


Últimos hallazgos en la lucha contra las altas temperaturas 


Jim Choy Quispe, iqueño de 46 años, ha sido la primera víctima oficial de las olas de calor en Perú durante este sofocante verano. Murió en la ciudad de Ica el 3 de febrero, cuando las temperaturas alcanzaron 35 grados centígrados (hasta 40 grados de sensación térmica), niveles nunca antes registrados. Jim sufría de una hepatopatía crónica, pero las cinco víctimas de la ola de calor del año pasado —en Puerto Maldonado—eran personas sanas con edades entre de 18 y los 69 años: murieron con síntomas de hipertermia después de hacer actividades al aire libre. Literalmente, se sobrecalentaron. 

En el mundo, el año 2023 fue el más caliente según los registros históricos; parece que el 2024 será más caluroso aúny podría incluso superar el récord del año anterior. Así, el calor ha venido para quedarse y los veranos calurosos actuales serán considerados entre los más frescos durante el resto de nuestras vidas. Si bien este año el fenómeno de El Niño es el principal responsable, como señala Patricia Rivera de la Subdirección de Predicción Climática de nuestra agencia meteorológica nacional, el SENHAMI, con el calentamiento global aumentan los días en que se superan los umbrales históricos. Desde América del Norte hasta el sur de Asia, las olas de calor estivales se están volviendo más largas, intensas y frecuentes debido al cambio climático. 

Un estudio sobre más de 13.000 ciudades del mundo realizado por la Columbia University revela que la exposición al calor urbano extremo se ha triplicado en 40 años por el aumento sin precedentes de la población urbana y el incremento global de las temperaturas. En Estados Unidos el calor es la principal causa de muertes relacionadas con el clima: mata a más personas anualmente que los huracanes y los tornados juntos. En Europa, la ola de calor más mortífera fue en 2003, con más de 71 mil fallecidos. 

A pesar de los claros riesgos para la salud, muchas personas no conocen o subestiman el peligro —hasta mortal— del calor extremo. Por ello, las olas de calor han sido apodadas “el asesino silencioso”. En América del Sur, además, su impacto y magnitud se subregistran y subinforman, ya que la mayoría de países carece de suficientes estaciones meteorológicas para permitir a los científicos registrar la temperatura de manera más confiable. 

Para hacer frente a este fenómeno, las ciudades del mundo se están preparando. En Toronto, Canadá, se promueve la instalación masiva de techos verdes y se ha creado una Red de Alivio del Calor que comprende más de 400 instalaciones de acceso público que ofrecen aire acondicionado, alivio del calor y otras formas de refrigeración; en la ciudad de Delhi, India, se incentiva el pintando universal de techos blancos; en Los Angeles, California, se pintan los pavimentos con pintura reflectante para devolver la energía del sol al espacio; el Plan Calor de Barcelona ha habilitado una red de frescos refugios climáticos, renaturalizando los espacios para la primera infancia y diseñando un plan para aumentar la sombra en espacios públicos, con más arbolado y pérgolas productivas, entre otras medidas; y la lista continúa. 

Más recientemente, se están poniendo a punto sistemas de alerta para la población que le otorgan un nombre a las olas de calor, tal como se hace con los huracanes. Resulta que ponerle un nombre a los eventos climáticos permite comunicar mejor sus riesgos, y comunicar mejor salva más vidas. 

En el verano de 2023, la ciudad de Sevilla, en España, recibió a Zoe, la primera ola de calor con nombre propio. Esta urbe fue la primera en diseñar y lanzar un novedoso sistema de nomenclatura y categorización de olas de calor. Un algoritmo analiza diariamente diferentes variables: las temperaturas máximas y mínimas, la humedad relativa, la duración del episodio y las características del tiempo, y los relaciona con los posibles riesgos e impactos sobre la salud. Así, el sistema determina el nivel de gravedad y riesgo del fenómeno meteorológico en relación con las posibles afecciones a la salud de la población y clasifica las olas en cinco categorías según su severidad. Cada nivel de riesgo se representa en un sistema visual de información que contiene recomendaciones para las personas.

La ciudad de Atenas ha seguido los pasos de Sevilla: Cleon, la ola de calor del verano de 2023, alcanzó los 46°C y las autoridades lanzaron una Alerta de Calor de Nivel 3. Además de un boletín de emergencia sobre la peligrosidad de las altas temperaturas, el gobierno abrió espacios públicos de enfriamiento, permitió que los empleados de empresas privadas trabajaran de forma remota, y multó cualquier trabajo exterior en horas de la tarde. Instaló ambulancias fuera de sitios turísticos como la Acrópolis, e incluso cerró diversos sitios arqueológicos sabiendo que muchos turistas podrían ser especialmente vulnerables al calor peligroso. 

Otras ciudades, como Los Ángeles, Miami y Melbourne, han diseñado iniciativas similares y están utilizando sistemas de alerta temprana basados en la salud con algoritmos que integran, además de variables meteorológicas, la información de salud local y datos de la estructura urbana de la ciudad. De esta manera, los pronósticos se vuelven más sensibles al contexto específico y las autoridades pueden comunicar mejor el nivel de amenaza, aumentar la flexibilidad de sus respuestas de emergencia y mantener seguras las comunidades.

El equipo científico del principal centro de investigación y asistencia sobre el tema, el Centro de Resiliencia de la Fundación Adrienne Arsht-Rockefeller, está actualmente presionando a la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y a la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) de Estados Unidos para que establezcan la nomenclatura y clasificación de las olas de calor como una norma. Quizás nuestro SENHAMI haría bien en tomar nota. Las olas de calor y el calentamiento global no son otra mentira socialista, como declara el presidente argentino Milei. Haríamos bien en prepararnos, más allá de solo buscar un nombre.


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2 comentarios

  1. Pedro Toledo

    Excelente información, sería muy importante poner nomenclaturas a las olas de calor para monitorearlas mejor, gracias por tanta información

  2. Gracias Anna por el excelente artículo.
    Lastima que en muchos casos vamos en contra de las buenas prácticas urbanas!. Cada día ponemos más cemento, reducimos áreas verdes, cortamos canales de riego, no reciclamos, etc. Tenemos que prepararnos a las olas de calor!.

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