No, Milei no es liberal


Porque la libertad no avanza si está incompleta


El domingo pasado se hizo público un pronunciamiento de varios expresidentes de Iberoamérica y un premio Nobel que piden a los argentinos votar por el candidato Javier Milei en las elecciones presidenciales argentinas de esta semana. En el comunicado señalan que pese a tener “muchas diferencias” con él, Milei “cree en las ideas de la libertad” y que la suya es la opción del cambio hacia la libertad. La narrativa coincide con todos aquellos que señalan que el candidato de la agrupación La Libertad Avanza es un candidato liberal. ¿Pero esto es así? ¿Realmente podemos decir que Milei es liberal?

En América Latina existe la mala costumbre de considerar que el liberalismo se centra solo en los aspectos económicos. Así, si alguien percibe que una persona cree en el mercado y en un rol limitado del Estado en la economía, listo, a esa persona se le pone la etiqueta de liberal sin darle más vueltas al asunto. De esta manera, varios conservadores —en las antípodas de lo que realmente significa el liberalismo— terminan navegando orgullosos con esa bandera y desvirtuando ante la opinión pública lo que esa ideología significó y significa.

Los liberales, los de verdad, creen en toda la libertad y no solo en uno de sus aspectos. Así, junto a las libertades económicas, los liberales aceptan y defienden también las libertades civiles y las libertades políticas. Recapitulemos algunas nociones, entonces, antes de hacernos ciertas preguntas cruciales sobre lo que representa Milei.

Las libertades económicas incluyen el derecho de propiedad, la libertad de emprender y el derecho al trabajo. Estos principios son esenciales para el desarrollo de un sistema de mercado libre, donde los individuos ejercen su autonomía para tomar decisiones económicas. El derecho de propiedad asegura que los individuos o las entidades puedan poseer y controlar sus activos sin interferencia indebida. La libertad de hacer empresa permite a las personas iniciar y administrar negocios, fomentando la innovación y la competencia. El derecho al trabajo, por su parte, garantiza la capacidad de las personas para buscar y obtener empleo, un aspecto crucial para la dignidad humana y el progreso económico.

Por su parte, las libertades civiles son fundamentales para el respeto de la individualidad y la dignidad humana dentro de la sociedad. Esto incluye el derecho al libre desarrollo de la personalidad, que permite a las personas buscar su propio camino en la vida, lo cual incluye la elección de su carrera, estilo de vida y creencias. La no discriminación es también un pilar crucial, pues asegura que todos los individuos tengan igualdad de oportunidades y derechos sin importar su género, raza, religión u orientación sexual. Estas libertades civiles son fundamentales para construir una sociedad que respete —y celebre— la diversidad y la autonomía individual.

En el ámbito político, las libertades son igualmente críticas y vitales para una democracia saludable. Esto incluye el respeto a la libertad de prensa y la libertad de expresión, así como la posibilidad de participar en diferentes formas de expresión política, como manifestaciones, campañas y debates. El respeto al voto es otro aspecto esencial, asegurando que las decisiones políticas reflejen fielmente la voluntad del pueblo. Además, el compromiso con los principios democráticos asegura que los cambios en el gobierno y las políticas se realicen de manera pacífica y ordenada, respetando los derechos de todas las partes involucradas.

El liberalismo político siempre ha estado en contra del abuso de poder, sea este estatal o de terceros, por ello defiende al Estado de derecho como garantía para las libertades individuales. Y para que ese poder sea legítimo, debe expresar la voluntad de quienes serán gobernados, por ello el liberalismo luchó y sigue luchando por una democracia donde todos puedan ser escuchados y sus ideas valoradas y debatidas. Pero al liberalismo también le resulta relevante qué es lo que se hace con el poder ante las necesidades de la ciudadanía, y por eso los derechos sociales son parte de su preocupación, entendiendo que su garantía permite el desarrollo de competencias individuales, lo que ayuda a que las personas sean más libres. 

Recordando el liberalismo peruano del siglo XIX —con exponentes como José Faustino Sánchez Carrión o Domingo Elías— Rafael Roncagliolo señaló cierta vez en una columna de opinión: “Los liberales peruanos forjaron el ideal de una república genuinamente republicana. Defendieron el equilibrio de poderes, los derechos de los indígenas, la abolición de la esclavitud y la lucha contra la corrupción. Se opusieron al mercantilismo de los empresarios que privatizan el Estado en su propio beneficio particular”.

Caricaturizan al liberalismo quienes piensan que este nació con la escuela económica de Chicago en la segunda mitad del siglo XX. Los mismos que solo hablan de libertades económicas, desprecian al Estado y suelen olvidarse de las libertades individuales. El término más adecuado para ellos sería el de libertarios o neoliberales. 

Y es en ese grupo donde creo que entra el candidato Javier Milei. Él mismo se presentó en el debate presidencial del domingo como el candidato “liberal libertario”. Creo que sobró la parte de liberal. Otras veces se presenta como “un anarquista de mercado”, y eso me parece más preciso. Porque, ¿puede llamarse liberal alguien que pierde los papeles y agrede verbalmente a los periodistas que no piensan como él? ¿A alguien que muestra una gran intolerancia frente a sus adversarios políticos? ¿Puede decirse que es liberal quien desprecia la voluntad popular, base de cualquier democracia? ¿Liberal, quien pasa por agua tibia a una sangrienta dictadura militar, antítesis de cualquier valor del liberalismo? ¿Puede ser liberal quien se opone a la autonomía de la mujer sobre su cuerpo? ¿El que desprecia a la educación pública, llamada a ser la gran herramienta niveladora para el desarrollo individual y social? ¿El que niega una de las principales amenazas contra la libertad de nuestros tiempos —la crisis climática— y la llama una “mentira del socialismo”?

No, Milei no es liberal. Y si triunfa el domingo en Argentina, no será la libertad la que avance.


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6 comentarios

  1. Pepe Tavara

    Muy buen artículo Alberto, felicitaciones. Los libertarios solo hablan de libertades económicas, pero no aceptan que una condición básica para su ejercicio efectivo es el acceso equitativo a servicios esenciales, como salud, educación y seguridad. Han mercantilizado estos servicios, donde los actores privados parasitan y corrompen la provisión pública. Recordemos que los mercados no son entidades abstractas pre existentes, a las cuales ingresan las empresas a hacer negocios, tampoco fenómenos naturales que surgen espontáneamente. Son instituciones complejas, que resultan de interacciones entre actores públicos y privados, creadas y sostenidas por la mano visible de los gobiernos. De hecho, la dicotomía mercado vs. Estado es considerada un anacronismo en la literatura económica contemporánea.

    • Alberto

      Gracias por enriquecer la mirada, Pepe!

  2. Adriana Soldi

    Gracias Alberto por ilustrarnos sobre el liberalismo y el recuerdo de los verdaderos liberales peruanos que defendieron los derechos de todos, independientemente de su extracción social.
    Gracias también por aclararnos la gran diferencia que hay entre ser liberal y ser libertario

    • Alberto

      Muchas gracias, Adriana! Le voy a proponer a Gustavo invitar un día a Carmen Mc Evoy para que escriba sobre los liberales del s XIX, injustamente olvidados.

  3. Rosa

    Gracias Alberto.
    Excelente síntesis del candidato Milei.
    Saludos.

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