La rebelión de los científicos 


Tras la COP28, por qué todos debemos convertirnos en activistas climáticos


Casi 2.000 científicos se declararon en rebelión la semana pasada. Lo hicieron anticipando los magros compromisos de la 28 Conferencia Mundial del Clima (COP28) que este año se celebró en Dubái, Emiratos Árabes Unidos (UAE). 

El sultán Al-Jaber, Ministro de Industrias y Tecnologías Avanzadas y presidente de la cumbre del clima, clausuró la COP con la frase: “No somos lo que decimos, sino lo que hacemos”. Quizás ese fue el único punto de concordia con la comunidad científica.

Y es que el “Consenso de los Estados Árabes Unidos”, producto de la COP28, no refleja ciertamente las posiciones y recomendaciones de la ciencia. Como advierte el último informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) —la biblia de la ciencia climática—, la biósfera está al borde de sufrir daños irreversibles y está en juego la sobrevivencia de la civilización humana como la conocemos hoy. Estamos en una carrera contra el tiempo: si queremos un planeta habitable, necesitamos “descarbonizar la economía” y reducir las emisiones del casi el 50 % al 2030 —¡en solo 6 años!— y llegar a su completa eliminación en 2050. En otras palabras, los combustibles fósiles deben desaparecer de forma urgente para evitar llegar a un punto sin retorno.

Lamentablemente, —y los científicos coinciden— el Acuerdo de la cumbre climática no tiene dientes y contiene demasiadas promesas vagas. A pesar de algunos compromisos significativos, como triplicar las energías renovables, duplicar la eficiencia energética para el 2030 y poner en marcha el Fondo de Pérdidas y Daños para los países más afectados, falla en un aspecto clave y literalmente vital para el futuro de la humanidad: eliminar gradualmente (phase out) el petróleo, gas y carbón. Esta propuesta, concordada por 130 de los 198 países participantes de la COP, se reemplazó por una reducción gradual (phase down) del consumo de energías fósiles, impuesta finalmente por la voluntad de la minoría: los estados e intereses petroleros. 

Mientras los científicos más diplomáticos reconocen que el Acuerdo supone un avance gradual con respecto a lo habitual y que hay que aplaudir cada pequeño paso en la dirección correcta, también insisten en que el desafío climático es tan dramático y urgente que los pequeños pasos no bastan. Sin metas concretas ni límites de tiempo para dejar de quemar energía sucia, ¿qué efectividad puede tener? Los menos diplomáticos, por su lado, señalan que el “consenso” es una lavada de cara, puro greenwashing, y que la COP28 fue un bluf. La propia revista Nature señala que va en contra de los objetivos establecidos en el Acuerdo de París de 2015 de limitar el calentamiento global a 1.5° C por encima de los niveles preindustriales. 

Por ello, los científicos no se quedaron con los brazos cruzados y llamaron a una movilización social a gran escala para emprender acciones colectivas y evitar el colapso climático. Nos recordaron querecientemente, los ciudadanos en los Países Bajos obligaron a su gobierno a planificar la eliminación gradual de los subsidios a los combustibles fósiles, mientras que en Ecuador fue el movimiento ciudadano e indígena lo que impidió la extracción de petróleo en el Parque Nacional Yasuní en la Amazonía. 

La carta abierta de estos científicos invita a todos a convertirnos en defensores o activistas del clima, recordándonos quesin movimientos sociales sólidos, no habría derechos civiles, no habría derecho al voto de las mujeres, no habría fines de semana, ni vacaciones, ni gran parte del bienestar que disfruta considerablemente la humanidad hoy”.

Y al final, sentencia: “Si queremos crear un futuro habitable, la acción climática debe pasar de ser algo que hacen otros, a algo que todos hacemos”. 

En esto, al menos, están de acuerdo con el presidente de la COP28.

Postdata: Mientras escribía estas líneas, el Congreso peruano aprobó modificaciones a la Ley Forestal y de Fauna Silvestre que promueven y legalizan la deforestación y degradación de los bosques. Una patada a la Amazonía, a sus comunidades indígenas, a la ciencia y a la lucha climática. Quizás la decisión parlamentaria con más sentido contrahistórico y una razón más para el activismo ciudadano.


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1 comentario

  1. norah espejo

    Hola Anna, de acuerdo con tus planteamientos. Todo avanza demasiado lento. Las protestas de Extinction Rebellion en Holanda lograron solamente una promesa del gobierno de «considerar la posibilidad de reducir los subsidios a los combustibles fosiles….» . Esta promesa sigue siendo muy tembleque pues si llega al gobierno Wilders nadie sabe que pasará con los avances y promesas de los politicos anteriores. El cambio climatico es una emergencia que confronta a la institucionalidad en europa y seguramente en Holanda. Las instituciones aqui son elefantes muy fuertes y que caminan muuuuy lento, son muy burocraticas y tienen muchos mecanismos y niveles para mantener su continuidad y evitar asi que algo de afuera venga y las afecte y las destruya. Hay que seguir protestando ….

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