¿La pandemia de los no vacunados?


Simplificar las razones para no vacunarse nos aleja de la meta universal 


Asintomático, N95 y bioseguridad son algunas de las palabras técnicas que han encontrado un espacio en nuestras conversaciones cotidianas: la pandemia ha creado un sinfín de situaciones que necesitan ser descritas con tecnicismos que aceptamos como parte de nuestra realidad. Esta semana una nueva expresión empezó a circular y a encabezar titulares: “La pandemia de los no vacunados”. 

La frase nació de las declaraciones de la directora del CDC de Estados Unidos, Rochelle P. Walensky, quien la usó para describir la situación actual del país. Con una cantidad de vacunas envidiable, Estados Unidos ha visto un aumento del 70% de los casos de coronavirus en comparación con las semanas previas. El aumento se ha producido, principalmente, en comunidades con bajas tasas de vacunación y alta presencia de la variante delta.

Autoridades, científicos y ciudadanos en redes sociales adoptaron la expresión rápidamente porque captura la frustración causada por esta nueva ola de contagios. La “pandemia de los no vacunados” expresa la incomprensión, molestia, miedo e impotencia causada por quienes han optado por no vacunarse.

En esta sola frase se pretende capturar lo que en verdad se debe a muchas realidades. Los no vacunados no solo son quienes han optado por no vacunarse, también son quienes no pueden hacerlo. Precisamente son los ciudadanos más vulnerables quienes se convierten en invisibles. Entre ellos, los niños, los pacientes con el sistema inmune comprometido, las personas alérgicas a algún componente de las vacunas, entre otros. Pero en el grupo de los no vacunados también estamos los países que tenemos un acceso limitado a las vacunas. Aunque la directora del CDC habla dentro de sus fronteras, de cierta manera nos anuncia el futuro de la pandemia: el problema lo traerán los no vacunados. 

Por definición, una pandemia es el brote de una enfermedad en diversos países. El concepto denota una situación universal, un problema compartido que necesita soluciones comunitarias. Esta palabra no es usada a la ligera por las autoridades, está reservada para casos realmente graves. Si hacemos un poco de memoria, la OMS esperó hasta el 11 de marzo de 2020 para usar el término que describía el avance del coronavirus. Como en muchas otras ocasiones, la OMS fue conservadora en sus decisiones y el anuncio de la pandemia tardó más de lo que debería. Pero en el caso de “la pandemia de los no vacunados”, es necesario preguntarnos si realmente el mundo está dividido entre “la no pandemia de los vacunados” y “la pandemia de los no vacunados”.

Cuando pensamos en quienes no quieren vacunarse imaginamos a un grupo de ciudadanos enojados con las vacunas, que alegan noticias sacadas de contexto o que claman por su libertad para elegir no ponerse las vacunas. La televisión y las redes sociales nos muestran los casos más extremos entre ellos. Usualmente son imágenes de estadounidenses, pero cada país tiene sus exponentes propios. Aunque no lo parezca, la realidad de los no vacunados es heterogénea y para intentar remediar esta problemática no debemos imaginarlos a todos como manifestantes con carteles.

A la fecha, en Perú no tenemos estudios extensos sobre los motivos por los cuales las personas no quieren vacunarse. La realidad es que la vacuna todavía no es algo accesible para la mayoría, por lo que no sabemos con precisión qué porcentaje de la población optará por no vacunarse pudiendo hacerlo. Conociendo la realidad de nuestro país y las declaraciones de ciertas autoridades locales sabemos que la desinformación sistemática es una de las causas por las cuales algunas personas están desistiendo de vacunarse, pero no es la única. 

Los motivos para rechazar la vacuna van más allá de los discursos de los antivacunas acérrimos. Algunas personas sienten que no están en riesgo de contagiarse, por lo cual no deberían vacunarse por el momento. Otras no han podido resolver todas sus dudas. También están las externalidades que desaniman a algunos, como las colas en los vacunatorios, los horarios reducidos, la confusión en las indicaciones, etc. Comprender y responder a cada uno de estos casos debería motivar a las autoridades a diseñar diversas estrategias para aumentar el número de los vacunados. Desde nuestra posición, conocer los motivos por los cuales nuestros familiares y amigos optan por no vacunarse también nos podría ayudar a acercarlos a la vacunación. Esta no es una tarea fácil, pues la tentación de tildarlos de conspiranoicos es realmente alta. Ni en el Perú ni en ningún país deberíamos quedarnos con la idea de que la pandemia es un problema de los no vacunados. En nuestro caso, porque la gran mayoría de peruanos está en este grupo por el acceso reducido de las vacunas. Pero como mencioné antes, la pandemia de los no vacunados también deja en el olvido a los que más debemos recordar: quienes no pueden vacunarse. Intentar explicar la pandemia como una causa producida únicamente por un grupo de antivacunas nos aleja de la compleja realidad, pero también de la meta final: erradicar la pandemia en todos los países de mundo y para todos los ciudadanos del mundo.

4 comentarios

  1. Lucho Amaya

    200,000 ciudadanos, en el Perú, no han acudido a su segunda dosis, según un reporte del Minsa, ¡200,000!… En mi entorno cercano mismo veo dudas en algunos para acudir a aplicarse la primera y… no le encuentro explicación.
    Hay una película, no recuerdo el título ni con quién, donde un aire maligno elimina el instinto de supervivencia humano, de modo que se ve gente a las piasta, atropellada, que se mete a las guaridas de los felinos en los zoológicos, arrojarse por los acantilados… …Y las personas que no quieren vacunarse, pudiendo, me hacen recordar esa película.
    No se trata, por supuesto, de obligarlos, como dicen que Putin ha hecho con los burócratas del Kremlin, pero… ¡La verdad que dan ganas!
    Es solo un decir mi exclamación última, pero es incomprensible, totalmente incomprensible para mí.
    Saludos

  2. Lucho Amaya

    *Perdón por repetir mi comentario, pero es porque he corregido las fallas gramaticales:
    200,000 ciudadanos, en el Perú, no han acudido a su segunda dosis, según un reporte del Minsa, ¡200,000!… En mi entorno cercano mismo veo dudas en algunos para acudir a aplicarse la primera y… no le encuentro explicación.
    Hay una película, no recuerdo el título ni con quién, donde un aire maligno elimina el instinto de supervivencia humano, de modo que se ve gente meterse a las pistas, atropellada, meterse a las guaridas de los felinos en los zoológicos, arrojarse por los acantilados… …Y las personas que no quieren vacunarse, pudiendo, me hacen recordar esa película.
    No se trata, por supuesto, de obligarlos, como dicen que Putin ha hecho con los burócratas del Kremlin, pero… ¡La verdad que dan ganas!
    Es solo un decir mi exclamación última, pero me es incomprensible. Totalmente incomprensible para mí.
    Saludos

    • Renato León

      Yo me aplique la primera dosis la segunda semana de junio y aún no regreso por la segunda. La razón no es porque no quiera hacerlo, ya que estar totalmente protegido es una de las cosas que más quisiera. La razón, es porque desde pocos días después de la primera dosis se me inflamó la tiroides (tiroiditis), lo cual también me ha generado un desbalance en las hormonas tiroideas generando una variedad de síntomas poco agradables. Aparentemente es algo que ya tenía latente y que se podría haber activado a raíz de la vacuna (o simplemente fue una coincidencia, no se sabe con certeza); sin embargo, los médicos me recomiendan que no me ponga la segunda dosis hasta que me recupere bien de esto (que lleva ya más de un mes), ya que no se sabe cómo podría reaccionar.

      Me imagino que deben haber casos similares entre las personas que no han ido por su segunda dosis.

  3. Haydith Del Aguila Valera

    Solo queda decir que mi entorno cercano no quiere vacunarse, inclusive yo lo hice, mas por la fuerza familiar, que por la razón.
    Pero mi compromiso es seguir cuidándome, no abusar de reuniones, ni encuentros con amigos, guardar distancias prudentes si hay que efectuar alguna actividad inevitable.
    He perdido mi hermano, amigos, familiares, colegas, cada día despido a uno de ellos, a la distancia y con oraciones, estoy en zona fronteriza con alto transito multinacional, todas la variantes ya pasaron por nuestro territorio amazónico.

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