Alcaldes nocturnos y otros mamíferos


El cambio climático obliga al planeta a salir más de noche


“En una ciudad vibrante, las playas nunca duermen” es el eslogan que la Municipalidad de Dubái, en los Emiratos Árabes Unidos, empezó a difundir el año pasado para promover el uso de las playas durante la noche. Con temperaturas de 45 grados centígrados en el día y una humedad relativa del 80 %, la ciudad en verano se vuelve una especie de sauna asfixiante. Es que con el calentamiento global, los extremos se están volviendo más extremos, y el calor de Dubái no es la excepción. 

La gente que vive allí enfrenta las altas temperaturas  de diversas maneras según su clase social: los ricos ponen bloques de hielo en sus piscinas y se mudan a Europa por largas temporadas; los empleados de oficina se la pasan en casas, cubículos, autos y gimnasios con aire acondicionado, mientras que los trabajadores migrantes buscan retazos de sombra en las bermas viales o se refugian en los centros comerciales, donde el aire fresco es gratuito. 

Pero, como ocurre en la serie Sex and the City, los habitantes se están acostumbrando a dormir de día y vivir de noche. Aunque la Municipalidad de Dubái las haya promocionado bajo el emocionante eslogan de una moderna ciudad vibrante, las playas nocturnas —iluminadas por grandes reflectores y donde se puede nadar las 24 horas— son una de las adaptaciones culturales al calor extremo que pronto podría extenderse a muchas ciudades del mundo. Una adaptación a vivir de noche que también afecta al mundo animal.

Numerosas investigaciones científicas revelan que, tal como los habitantes de Dubái, muchos animales se están volviendo desesperadamente nocturnos y están cambiando sus estrategias de sobrevivencia para evitar el calor extremo. Un ejemplo de ello es el pecarí del Pantanal, una especie cercana a nosotros. Un estudio reciente publicado en Biotropica encontró que este mamífero, semejante a un cerdito, está invirtiendo sus horarios de recolección de frutas y plantas, usualmente diurnos, por la frescura nocturna. Los guepardos africanos parecen hacer lo mismo: un equipo de científicos siguió sus movimientos diarios durante ocho años y encontró que cuando las temperaturas diurnas alcanzaban los 45°C, los guepardos optaban por cazar más tarde. Este cambio está superponiendo sus horarios de caza con el de felinos más grandes, como los leones y leopardos, afectando su coexistencia pacífica y disminuyendo su capacidad de atrapar presas. Otro caso bien estudiado es el de la cabra montés de los Alpes, un mamífero herbívoro de pelaje grueso y lanudo que se está volviendo más promiscuo, como la Samantha de la popular serie, aunque no sale de noche para buscar pareja, sino para engullir hierbas, arbustos y líquenes.

Si bien estos cambios son adaptaciones inteligentes y propias de especies resilientes, también pueden afectar la posibilidad de supervivencia de estos animales que evolucionaron para ser diurnos. Salir de noche no sale gratis. Cuando el pecarí emerge a comer bajo la luz de la luna, se expone a un eficiente cazador nocturno, el puma; cuando la cabra alpina busca sus líquenes en la oscuridad, se enfrenta a una mayor amenaza de ser comida por un lobo; cuando el guepardo sale a cazar a la misma hora del león, compite por las mismas presas y se expone a su principal depredador.  

Las investigaciones muestran que la actividad humana altera no solo el clima o el paisaje, sino también lo que algunos científicos llaman el «tempo-paisaje» (“timescape” en inglés). El tiempo, al igual que el espacio, es un recurso ecológico, que juega un papel crucial en la disponibilidad de recursos como la luz solar, la temperatura, el agua o los alimentos. Al igual que el espacio, ofrece gradientes climáticos, desde el calor del día hasta el frío de la noche, que afectan cómo los animales buscan alimento, duermen y se aparean. Así, casi de la noche a la mañana, afectando el timescape, el cambio climático está desequilibrando ecosistemas cuidadosamente equilibrados que han tardado milenios en formarse. 

Y también está afectando la vida en las ciudades, como Dubái lo ha demostrado. Cuando la ciudad de Rotterdam, en 2014, creó el cargo de “alcalde nocturno” (“night mayor”) para diseñar políticas y velar por el buen funcionamiento de la vida nocturna, como mediar entre jóvenes y bares, o asegurar el descanso de los vecinos, no pensábamos que este cargo podría volverse crucial para el funcionamiento de nuestras vidas. Hoy existen alcaldes nocturnos en al menos 50 ciudades del mundo, como Londres, Berlín, Washington D.C., Nueva York, Pittsburgh, Orlando, Nueva Orleans, Sydney y, más recientemente, Barcelona.

En un futuro donde el cambio climático seguirá desafiando nuestros límites, quizás necesitaremos más alcaldes nocturnos para bajar la temperatura de nuestras agitadas vidas a la luz de la luna.


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1 comentario

  1. Pedro Alberto Toledo Chávez

    Siempre gracias por la información actualizada y de un gran nivel Anna

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